Mis respuestas a Dios se las daré yo en su momento. Conversación con Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas sobre el artículo 68 del actual Proyecto de Reforma Constitucional.

Las posturas de las iglesias católicas y evangélicas frente a los estudios de géneros (que maliciosa y tergiversadamente llaman “ideología”) y el matrimonio igualitario ha capitalizado el debate sobre el artículo 68 de Proyecto de Reforma Constitucional hasta el punto que muchos, injustamente y por desconocimiento, tienden a generalizar estas reacciones atribuyéndose a las iglesias protestantes. Como si evangélicos y protestantes fueran una misma cosa.

Por estas razones, entre otras, realicé esta entrevista a Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas.

 

Las posturas de las iglesias católicas y evangélicas frente a los estudios de géneros (que maliciosa y tergiversadamente llaman “ideología”) y el matrimonio igualitario ha capitalizado el debate sobre el artículo 68 de Proyecto de Reforma Constitucional hasta el punto que muchos, injustamente y por desconocimiento, tienden a generalizar estas reacciones atribuyéndose a las iglesias protestantes. Como si evangélicos y protestantes fueran una misma cosa.

Por estas razones, entre otras, realicé esta entrevista a Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas.

Alberto Abreu Arcia: ¿Qué piensas sobre este proceso de discusiones en torno al Proyecto de Reforma Constitucional?

Rita María García: El ejercicio de discutir, conversar, hablar sobre una nueva constitución para mí es una novedad. Yo tengo cincuenta y un años. En el setenta y seis era una niñita, apenas tenía nueve años. Nací en el sesenta y siete y me ha costado mucho trabajo quedarme callada y con ciertas inquietudes puesto que vi que no solamente a nivel de C.D.R., sino también de instituciones como salud, educación, turismo y otras se discutió o se ha estado discutiendo dentro del colectivo el tema de lo que dice o dirá la nueva constitución cubana. Aún con reclamos y reclamos no se ha querido, por parte de las autoridades, llevar esta discusión sobre el Proyecto de Reforma Constitucional hacia dentro de instituciones cristianas y religiosas.

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En el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) lo hicimos. Tuvimos una discusión seria donde invitamos al profesor Julio Antonio Fernández Estrada, tú lo conoces, y fue una mañana muy fructífera. No solamente fue discutir, sino  desmenuzar, un poquito cada artículo, cada momento estratégico de la misma. Por supuesto que comenzamos desde el principio.

El CCRD pide reconocer no solamente reconocer la constitución desde el 59, el concepto de Revolución de Fidel, sino también pensar que la historia de la nación cubana es más que eso. Y viene desde las luchas por la independencia. ¿Por qué eso se aísla? ¿Por qué no está la lucha insurreccional? O sea Cuba es más que un momento. Cuba es todo. 

También añadiría en el Capítulo I un artículo que reconozca que la sociedad civil cubana está representada por organizaciones sociales, de masas, centros, fundaciones, colegios, iglesias, instituciones culturales, movimientos sociales, federaciones deportivas y sociales, congregaciones e instituciones religiosas, gremios, familias, que sin ser parte del estado se relacionan con este de acuerdo a las normas de orden público imperantes.

Hay artículos que pueden resultar muy candentes o inquietantes para algunos. Para mí no.

Alberto Abreu Arcia: ¿Te refieres al artículo 68?

Rita María García: Sí. Realmente no entiendo por qué hay que discutirlo hasta el punto de dividirnos entre nosotros como cubanos. Yo, no solo como directora del CCRD, sino también como cristiana, como familia, como madre, como esposa, no veo en ese artículo el gran problema que otros, desde su punto de vista, ven. Lo importante es que las personas se amen y se respeten. La opción de vivir juntos no es de ahora. Yo miro a mi familia. Recuerdo tíos que su opción fue no el celibato, sino vivir solos. Y verlos sufrir, y verlos pensar, y verlos estar en solitarios por no poder disfrutar o de alguna manera llevar a cabo su proyecto de vida con otra persona de su mismo sexo y que no fueran de alguna manera discriminados o mal mirados por la familia y por la sociedad. No me veo en esa posición. Tengo amigos y amigas que son casi hijos e hijas y pienso mucho en mí y también como cristiana porque no veo cómo es posible discriminar, cómo es posible humillar. Esconderse detrás de ese dicho y ese lenguaje de nosotros no discriminamos, nosotros no separamos, nosotros ayudamos, nosotros comprendemos y hacerlo de esa manera tan ruda que no le veo sentido. Cada cual tiene el derecho de hacer la familia que desee. Hay familias de una sola persona, de hombre y mujer, de hombre con hombre, de mujer con mujer. Lo que tiene que verse es la profundidad y la dimensión del ser humano más allá de la palabra matrimonio. Hoy por hoy, en Cuba, tú sabes que hay muchas personas heterosexuales que no se casan. Y Cuba reconoce el matrimonio heterosexual aun cuando no es un matrimonio plasmado por la ley ante un papel. Eso lo estamos mirando. Hemos visto cuantos matrimonios siguen juntos. También a matrimonios entre hombres y mujeres en una situación difícil, donde no hay amor, donde sufre la familia entera, donde sufren los hijos, donde sufren los padres, donde sufren los hermanos. Tengo por ahí un escrito que habla sobre el bien que puede hacer una separación a un matrimonio que no está bien.

Pero la opción de los hombres y mujeres de vivir juntos, de casarse, de hacer familia es propia de cada persona. Yo siempre pienso -como cristiana- que mis respuestas a Dios se las daré yo en su momento. Que ningún cristiano, ninguna iglesia, ninguna institución religiosa tiene el derecho ni le asiste a creerse que hay que responder ante ellos. Porque la respuesta ante Dios para los creyentes es personal.

He visto también en muchas iglesias, sobre todo en las más conservadoras, como involucionan los derechos de la mujer y los niños. He visto como volvemos a los tiempos antes de la Revolución donde el machismo fuerte impera tanto dentro como fuera de la Iglesia. Me preocupa mucho ver a esas mujeres que no tienen voz, ver a esos hijos que no tienen voz. Me preocupa mucho que bajo el velo de la familia tradicional solo los hombres, los jefes de familia decidan qué hacer. Y eso no está bien. Me preocupa mucho el porvenir de los hijos. Porque no se es homosexual porque tus padres son homosexuales. Es una opción y creo  que realmente tiene que haber libertad para el ser humano, para que pueda tomar sus propias decisiones. No me veo realmente al frente de ese tipo de campañas. Creo que la iglesia no se ve bien cuando hace ese tipo de cosas. Creo que están utilizando realmente a la Iglesia, al país y a las instituciones para defender algo que nunca habían hecho. Y es por darse la oportunidad de ser reconocidos de alguna manera porque realmente no crean que hayan creyente que sientan así dentro de algunas denominaciones.

Para mí es importante que se reconozca el derecho de cada ciudadano cubano a elegir sobre lo que quiera hacer con su vida, lo que quiera hacer como matrimonio, como familia. No estoy ni siquiera en desacuerdo con la adopción. Creo que esas familias tienen que tener el derecho también a la adopción, y no ni siquiera a la adopción. Hay muchas formas y variables para tener hijos, criar niños. Y que en las leyes futuras, dentro de ellas vendrá el nuevo Código de Familia, tiene que estar bien plasmado y bien respaldados por las instituciones. Si me piden mi opinión, en otro sentido, creo que tenemos que volver realmente a unirnos. No creo que esta lucha por el articulo 68 sea solo la demanda de algunas personas que se ven afectada por este tipo de problemáticas, sino que debe ser un trabajo sostenido de las instituciones cristianas o no, los grupos LGBTI o no. Y no de un día, ni por una Reforma Constitucional, ni por una fecha sino todo el tiempo trabajar por el derechos del ser humano y de los ciudadanos en Cuba.

El artículo 68: evangélicos, católicos, el movimiento LGBTI y las cortinas de humo. Por Alberto Abreu Arcia.

El texto recorre los diferentes posicionamientos tanto de las iglesias evangélicas y católicas como del movimiento LGBTI y del discurso ofical cubano en torno al artículo 68 del Proyecto de Reforma Constitucional. Y lo que subyace detras de estos posicionamientos

Faltan apenas  días para que concluyan las discusiones en torno al Proyecto de Reforma Constitucional. El mismo ha acaparado la atención de expertos, intelectuales, académicos, activistas y de otros sectores de la sociedad cubana. Las redes sociales también han servido de plataforma a estas reflexiones. A mi juicio, su principal ganancia reside en la variedad de escritos que han visto la luz en medio de esta discusión. Estimables, no solo por su cantidad sino también por la variedad de sus miradas, acotaciones, y re-lectura del contenido jurídico de importantes conceptos como ciudadanía, patria, nación, Estado, matrimonio, familia, propiedad, etc. Y que hacen del mismo en uno de los debates más estimulantes de las últimas décadas y un pre-texto para imaginar la nación que queremos.

Un suceso difícil de imaginar si tenemos en cuenta el mutismo e indiferencia que, hasta hace pocos meses, prevaleció entre nosotr@s en torno a la marcha del Proyecto de Reforma Constitucional cuya redacción parecía detenida o postergada por quienes tenían la responsabilidad de llevarla a cabo. ¿Qué se iba a reformar? ¿Cuándo se iba a reformar? y ¿cómo? ¿Cuáles serían los límites no transgredibles de dicha reforma? Solo el silencio como respuesta.

Algunos, alarmados, se referían este proceso como “el más opaco y menos transparente”. Los pocos que se aventuraron a buscar información sobre el destino de un documento que compete a tod@s los cubanos tropezaban con un velo de especulaciones. Lo cual me lleva a conjeturar que los lamentables descuidos estilísticos y falta de prestancia que muchos han constatado en su redacción responden a la premura y al compromiso público por sacar a la luz un documento cuya elaboración estuvo detenida por mucho tiempo.

Semejante indiferencia de la mayoría de la población cubana por el destino de un documento y de un proceso de Reforma Constitucional del cual no se tenía más noticia y que fue anunciado desde el 2013. Cuando a raíz del proceso de fortalecimiento de la institucionalidad desarrollado en el país, y las demás medidas que han sido aprobadas en los últimos años, el Buró Político acordó crear un grupo de trabajo, presidido por Raúl Castro Ruz, con el objetivo de estudiar los posibles cambios a introducir en el orden constitucional y hacer corresponder la Constitución con nuestra realidad. Por un lado, ponía de manifiesto la ausencia de un sentimiento constitucional y de su poca fe en un documento urgido de un balance crítico al cual muchos consideraban una norma jurídica no aplicable en la práctica.

Por otra parte, vivimos momentos donde las expectativas que prevalecen en la sociedad cubana es la de sobrevivencia, “luchar para el diario” y donde una gran mayoría solo piensa en cómo sobrevivir sin importarme el otro. Donde la cotidianidad del país es el desvío de la norma institucional. “¿Cómo construir un Estado de derechos o un sentimiento constitucional en medio del desgate de las organizaciones políticas y sociales inmersas en un socialismo burocratizado y la desidia de ciudadanos acostumbrados a aceptar sin cuestionar y que no saben participar?” -se preguntaba, por entonces. un profesor de Derecho Constitucional.

Fueron estas razones, las que motivaron la realización del taller “Futuro constitucional cubana” que en octubre del año pasado organizó el Centro Cristiano de Reflexión y Dialogo, Cárdenas-Cuba con un grupo de intelectuales, líderes religiosos, académicos en su mayoría profesores de Derecho Constitucional donde se habló de establecer acciones y crear grupos de presión que desde la sociedad civil obligaran a terminaran con el silencio que existía en torno al estado de la anunciada Reforma Constitucional

Julio Fernandez Bulté en la inauguración del Taller futuro constitucional
Julio Antonio Fernández en la sección inaugural del taller “Futuro constitucional cubano”.

A raíz de aquel encuentro publiqué en mi muro de Faceboock un texto donde compartía algunas transcripciones e impresiones de lo allí discutido y la necesidad de llamar la atención sobre algo que nos competía a tod@s  y sobre la cual se cernía la mudez, incertidumbres y especulaciones. La problemática como la nota de Faceboock pasó inadvertida. Sólo recuerdo el comentario entusiasta de Julio César Guanche cuando la compartió.

Hago este recuento porque me parece revelador de algunos posicionamientos que me interesa analizar y que tienen que ver con la emergente sociedad civil cubana, los movimientos ciudadanos y el activismo que realizamos desde espacios no institucionales. En primer lugar, no somos capaces de interpelar al Estado más bien esperamos que sea el Estado quien nos interpele. En segundo término, la poca esperanza en la posibilidad de un cambio que invade a la sociedad cubana en general y que al parecer ha contaminado a muchos sujetos y actores vinculados al activismo social. “Para qué si de todas formas, diga lo que se diga, nada va a cambiar”.

Curiosamente las reacciones a favor o en contra del artículo 68 parece ser el punto hacia el cual confluyen estas actitudes. Para algunos colegas, vinculados tanto al activismo antirracista como LGBTI con quienes he conversado, las discusiones sobre dicho artículo: “son una cortina de humo elaborada como una estrategia de los medios oficiales para inviabilizar otros aspectos cuya discusión resultan cardinales”. Para otros, “no es más que una artimaña de la Iglesia Católica y del Estado para encubrir sus negociaciones y la voluntad de de la primera por expandirse en el espacio de la enseñanza, los medios de difusión,  etc.”

Como si las innumerables declaraciones, documentos, entrevistas, acciones públicas, emplazamientos que van de la descalificación en todos los sentidos a la ofensa fueran tan solo una reacción coyuntural y no formaran parte del resurgimiento en la escena nacional de un pensamiento y una subjetividad patriarcal y fundamentalista, que se están revelando con más claridad compulsada por esta coyuntura legislativa. Como sugiere Víctor Fowler en un texto publicado hace unos días en Faceboock. Lo significativo de esta contienda es que ha generado dinámicas sociales hasta el momento inéditas dentro del espacio público y la emergente sociedad civil cubana.

Por lo que sería oportuno analizar este fenómeno como una lucha por el poder simbólico. Donde lo que está en disputa, como diría un sociólogo tan aguzado como Foucoult, es el monopolio por el poder de hacer ver y hacer creer, hacer conocer y hacer reconocer.

Propongo adentrarnos por el escenario de esta contienda.

En una entrevista coral realizada por Lirians Gordillo para la página digital Asamblea Feminista. Debates feministas desde la Cuba de hoy  a propósito de la Declaración Oficial[1] emitida por cinco iglesias evangélicas donde se refieren a la “ideología de género” con un hecho ajeno a nuestra tradición y a los valores revolucionarios Ailynn Torres Santana anota: “lo que es obvio es que gozan de jerarquía y oficialidad para cosechar su palabra. Esta oficialidad y jerarquía es lo que les hace pensar que pueden tener influencia en el pueblo cubano y las personas foráneas que apoyan el movimiento LGBTIQA”. Y más adelante alerta: “Que esas raíces florezcan, es lo que no podemos permitir. Es necesario estar alertas a la manipulación y el caos que crean en las personas, porque esa es su estrategia sembrar la duda porque lo absurdo es obvio”

El comunicado al que alude está fechado el 28 de junio y fue firmado por cuatro reverendos y un obispo líderes de Liga Evangélica de Cuba, Convención Bautista Occidental y Oriental, la Iglesia Metodista en Cuba y la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios, aunque en la copia del documento que poseo el espacio reservado para la firma de ésta última aparece en blanco. El texto contiene solo tres puntos enunciados de manera enfática y sucinta. El primero patentiza que “la familia es una institución divina creada por Dios, el matrimonio es exclusivamente la unión de un hombre y una mujer”. El punto dos afirma que “la ideología de género no tiene relación alguna con nuestra cultura, nuestras luchas de independencia, ni con los líderes históricos de la revolución. De igual manera tampoco guarda ningún vínculo con los países comunistas […]”

Posteriormente, el 21 de septiembre fue emitida otra declaración la cual ha sido suscrita por aproximadamente veinticinco iglesias evangélicas la cual contiene cinco puntos e introduce algunas inflexiones a la fechada el 28 de junio. Por ejemplo, aclara que la estructura binaria de la sexualidad humana “ha sido grabada en el ADN de nuestra especie desde su aparición”. En los puntos 3 y 4 advierten que “no somos homofóbicos porque los cristianos no tememos, no rechazamos, ni somos intolerantes de las personas homosexuales” más bien oramos por ellos para que sean regenerados y transformados por medio de la fe una vez que hayan alcanzado el arrepentimiento.

Las dos fuerzas contendientes en estos debates (las iglesias y la población LGBTI) han compartido la misma historia de estigmatización y exclusión social y política. Recuérdese que en la UMAP estuvieron juntos homosexuales y religiosos. Pero al mismo tiempo divergen en el contexto de esta Reforma Constitucional pues una está asociada a un pensamiento conservador, fundamentalista y la otra representa el pensamiento humanista, emancipador de una Revolución urgida hoy más que nunca de cambios significativos en todos los órdenes de la vida económica, social y política del país. Lo cual puede leerse como una metáfora o metonimia de las dos tendencias en conflicto en las altas esferas del Estado y el poder político

Si bien el despegue del reconocimiento oficial tanto a las Iglesias como de la ideología de género y las identidades sexuales disidentes data la década de los noventa. En la actualidad se trata de fuerzas con un empoderamiento desigual. Si por un lado, las iglesias para su ejercicio cuentan, no solo de un espacio de diálogo y relativa legitimidad con las estructuras gubernamentales, sino también mayor capacidad tanto organizativa como de movilización, así como el apoyo económico redes y prestigiosas fundaciones internacionales afines. Por el otro lado, hallamos a un  activismo LGBTI (no institucional) con un pensamiento, un discurso y un accionar en la esfera pública fragmentado, centrado fundamentalmente en la capital del país e incapaz de lograr una articulación y una plataforma común y consensuada con otras organizaciones, instituciones y proyecto-grupo con agendas afines. Además, carente de recursos económicos para llevar adelante no solo su trabajo, sino también cualquier campaña no gubernamental, y sin reconocimiento oficial y sometido siempre a suspicacias políticas.

Zaida Capote  observa un desamparo similar en el discurso académico vinculado a estos temas de identidad de género, cuando a propósito de esta Declaración y sus ataques a la ideología de género comenta para la revista digital Asamblea Feminista. Debates feministas desde la Cuba de hoy.

Si el debate sobre estos temas estuviera permanentemente reflejado en nuestros medios, si se promoviera la libertad en todos los ámbitos de la vida, si las instituciones y organizaciones políticas y de masas asumieran las voces divergentes y establecieran estrategias de trabajo comunes, seríamos más fuertes hoy para enfrentar una declaración que busca ubicarse a medio camino entre Dios y el Partido.”

No nos llamemos a engaño. Muchos de los argumentos esgrimidos en esta cruzada contra el artículo 68 por las iglesias católica y evangélicas -desde su voluntad por legitimar en el imaginario nacional sus percepciones patriarcales e higienista de domesticación y disciplinamiento del cuerpo y el deseo otro- trascienden los temas de Dios, el matrimonio y la familia para tocar de muy cerca aspectos relacionados con el ser y devenir de nuestra cultura, el deber ser del alma de la nación, y muy en particular a aquellos movimientos sociales (LGBTI, feminista, afrofeminista, etc.) que proponen una agenda reivindicativa de todos esos cuerpos y subjetividades marginados y centro de tantas opresiones.

Según grafican tantos los medios de prensa internacionales como Faceboock y otras redes sociales son hasta el momento veintiuna evangélicas las que rechazan el artículo 68 del Proyecto de Reforma Constitucional. Sus feligreses han colgado poster y pegatinas en la vía pública, ha creado recuadros para que los fieles distingan sus fotos de perfil en redes sociales, ha repartido volantes y biblias en las calles. También han pedido  autorización para convocar una marcha de protesta por una concurrida calle de la capital  bajo el slogan Por el “diseño original” de la familia “como Dios la creó”. El pastor Lester Fernández, en medio de la ovación de unos 500 fieles congregados en una iglesia metodista de La Habana, exclamó: “No apoyamos bajo ningún concepto el artículo 68. ¿Saben por qué? (…) Porque la Biblia lo condena”.Faminia con niño

Según relata Alfredo Prieto en un artículo escrito para la revista oncubamagazine[2] los feligreses de una iglesia vedadense se retrataron a la salida junto a menores de edad sosteniendo un cartel donde se leía: “ESTOY A FAVOR DEL DISEÑO ORIGINAL”. Ignacio Estrada, vicario de una iglesia luterana de Miami, comentó entonces lo siguiente: “No podemos permitir que los adultos manipulen a nuestros niños en campañas de odio. No podemos permitir que ningún grupo ni sector, sea cual sea, manipule de esta forma a ninguno de estos niños y niñas. Digamos no ahora”.

Como parte de esta cruzada no gubernamental contra el artículo 68, que alcanza hasta el llamado paquete semanal, estas veintiuna iglesias evangélicas están recolectando firmas en contra del artículo de marras. Alida León Báez, Presidenta de la Liga Evangélica de Cuba calcula que más de medio millón de cubanos los que firmen la petición de las iglesias en contra del matrimonio igualitario.

León Báez, otro líder de las iglesias evangélicas cubanas ha sido más contundente: “Si no se modifica el tema del matrimonio en el proyecto de Constitución todo votaremos en contra”. No creo que se trate tan solo de una amenaza. Y en un tono apocalíptico alertó: “Si se aprueba, nuestra nación va a la destrucción total”.

Estas reacciones de las iglesias evangélicas han focalizado las redes sociales hasta el punto de invisibilizar la postura de las iglesias protestantes o de introducir a todas en un mismo saco. Por esta razón conversé al respecto con Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, Cárdenas-Cuba y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas. Aclaró que: “No se ha querido por parte de las autoridades llevar esta discusión sobre el Proyecto de Reforma Constitucional hacia dentro de instituciones cristianas y religiosas”. Y sobre estas reacciones de las iglesias católicas y evangélicas ante el artículo 68, comentó: “[…] creo que la opción de los hombres y mujeres de vivir juntos, de casarse, de hacer familia es propia de cada persona. Yo siempre pienso, como cristiana, que mis respuestas a Dios se las daré yo en su momento. Que ningún cristiano, ninguna iglesia, ninguna institución religiosa tiene el derecho ni le asiste a creerse que hay que responder ante ellos. Porque la respuesta ante Dios para los creyentes es personal”.

En medio de este escenario el presidente Miguel Díaz Canel parece desplazarse con cautela. En una entrevista sobre el Proyecto de Reforma Constitucional que le realizó Patricia Villegas para Telesur, al seguir interrogado sobre la reacción de los sectores conservadores en Cuba, particularmente de la(s) Iglesia(s) ante el reconocimiento con derechos civiles a matrimonios o uniones de personas del mismo sexo, Díaz Canel respondió que el mismo era coherente con la voluntad emancipadora y humanista del pensamiento de la Revolución. Pero estableció esta diferenciación: Uno tiene sus ideas, uno tiene sus convicciones, pero también uno está abierto a lo que aporte ese diálogo popular”.

Por su parte, Homero Acosta Álvarez, Secretario del Consejo de Estado, durante su conferencia en la inauguración del Congreso Internacional Abogacía 2018 fue más enfático: En nuestra opinión, el Derecho no puede permanecer esclavo perpetuo de rezagos sociales, aún cuando en un momento pueda entrar en colisión con parte del espectro social. En su misión transformadora le corresponde también impulsar el desarrollo. No es la primera vez que se está ante estos desafíos. Recordemos en la historia los conflictos para reconocer el derecho al voto de las mujeres, o la instauración del divorcio o, en nuestro caso, incorporar la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer y la responsabilidad igualitaria de los cónyuges, conforme a nuestro Código de Familia”.

Sin embargo, en esta contienda el activismo LGBTI, desde su fragilidad, ha confiado más en la voluntad del Estado como vocero de sus aspiraciones y demandas emancipatorias que en su propia capacidad movilizatoria y de negociación. Lo cual resulta doblemente peligroso. De aprobarse el artículo 68, ¿sería una ganancia del Estado?, ¿de las incansables luchas movimiento LGBTI como parte de la sociedad civil? o ¿de ambas instancias? Quiérase o no, el hecho de dejar al Estado, en esta contienda, como vocero de sus reivindicaciones puede marcar en el futuro un punto de giro o inflexiones en la intensidad del discurso enunciado desde el activismo LGBTI que se mueve en espacios no institucionales.

Desfile de Jornada contra la Homofobia celebrada en Matanzas.JPG
Desfile de la Jornada contra la homofobia y la transfobia celebrado en Matanza

No hay que perder de vista que el diseño elaborado para canalizar estas inquietudes en torno al Proyecto de Reforma Constitucional. No es a través de una Constituyente, sino de una comisión designada al efecto. Lo cual propicias formas más inclusivas y democráticas para incorporar y articular las propuestas y miradas diversas provenientes de los diferentes actores de la sociedad cubana de hoy. Las iglesias que cubanas que  suscriben estos documentos están conscientes de este hecho y lo están explotando en todas sus posibilidades.

La Iglesia Católica de Cuba también se ha sumado a esta cruzada. “Mi modesta opinión”, firmado por el Mons. Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey es un escrito de un auténtico espíritu humanista y comprometido con los marginados. Considero que todo Estado, nuestro Estado, debe garantizar y hacer respetar los derechos de todos sus ciudadanos. Y que la Constitución debe ir en esa línea, como ley fundamental que es. Deben tener los mismos derechos blancos y negros, mujeres y hombres, sanos y enfermos, de una religión o de otra, recién nacidos y ancianos, de una provincia o de otra, cultos e incultos, heterosexuales y homosexuales, etc.”.

En el mismo su autor propone llamar “parejas de hecho“, en vez de “matrimonio” a las uniones entre dos personas del mismo sexo. Sin embargo, el texto oficialmente publicado en la página web oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba desató la ira de un grupo de sacerdotes quienes a manera de réplica elaboraron otro documento titulado “La agenda LGBTI de Wilfredo Pino Estévez Obispo de Camagüey- Cuba” cuyo aliento recuerda los tiempos de la Inquisición y la cacería de brujas.

En su primer párrafo afirman: “La traición a Cristo ha sido consumada, de manos de un prelado del Oriente del país”. Los firmantes lamentan: “Horrible la deriva de estos tiempos para la fe y la auténtica caridad. El diablo retoza, con la opinión…. No sabemos, si llamarle en lo adelante, del compañero/ ciudadano cubano Wilfredo Pino o del Sr. Arzobispo de Camagüey”. Agradecen que días atrás los Obispos de Matanzas, Santiago y Cienfuegos “se han expresado de forma contraria”.

Lo significativo de este texto es que la manera en que su discurso trasluce determinadas intríngulis relacionadas con una lucha de poderes dentro del clero cubano. Obsérvese este enunciado donde invocan a la Virgen: “Contemplamos -no sin una enorme tristeza y dolor- el cumplimiento de lo anunciado por la Sma. Virgen en sus apariciones: ‘Cardenales contra Cardenales, obispos contra obispos, Sacerdotes contra Sacerdotes’.” Se cuestionan: “¿Por qué razón Mons. Wilfredo Pino está abogando por dar derecho de ciudadanía  al pecado? No a la corrección del pecado sino a su aceptación, como si de un bien se tratara, su aprobación en la sociedad”. Le preguntan: “¿No aprendió de niño este obispo en su catecismo que la práctica homosexual es pecado grave, y uno de los cuatro pecados que clama la ira y venganza divina?”

El documento – intolerante, manipulador y chancletero- termina con estas exigencias bien reveladoras: 1) que el Nuncio de Su Santidad corrija y refrene a Mons. Wilfredo Pino; 2) a la Conferencia Episcopal que desautoricen a Mons. Wilfredo Pino y su artículo sea retirado de inmediato de la página web de la conferencia episcopal; 3) que los obispos cubanos se pronuncien clara y abiertamente sobre el tema, condenando la postura del Mons; y 4) al propio Mons. Pino, que pida humildemente perdón o bien dimita del gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Camagüey.

Por otra lado, haciendo gala de un pensamiento patriarcal que intenta restaurar un sujeto homogéneo y excluyente el Arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García en una declaración también publicada  en el sitio web oficial de la Iglesia Católica cubana calificó el artículo 68 de un fenómeno “ajeno nuestra cultura”, “imperialismo cultural”. Veamos su definición de tanto de imperialismo como de colonialismo cultural cuyos contenidos resultan semánticamente intercambiables y que explicita cuando culpa a la globalización de tratar “de influir para crear una cultura uniforme que acepte y adopte sus criterios descalificando a los de los otros”. Es decir, la diferencia solo vale cuando afecta a la doctrina de la Iglesia. Así, tautológicamente nos propone un imperialismo cultural mucho más asfixiante y opresivo que el que denuncia.

Hay un hecho que me llama poderosamente la atención y es el modo en que el discurso busca apropiarse de términos como globalización, colonialismo, imperialismo tan caros al discurso político oficial. Y lo hace desde  una especie de galanteo ideológico. Esta estrategia de apropiación y resemantización del discurso ideológico de la Revolución para luego socavarlo también ha sido empleada en esta contienda por las iglesias evangélicas cuando en sus documentos se refieren a “nuestra cultura”, “nuestras luchas de independencia”, “los líderes históricos de la Revolución”, “el pensamiento de los padres fundadores de nuestra patria”, etc. Me contó un amigo que en Santiago de Cuba, las paradas de ómnibus y otros lugares públicos se llenaron de carteles con frases de Fidel Castro y José Martí para sustentar la campaña.

Ailynn Torres Santana en esta entrevista coral “Luces para un desembarco: ¿fundamentalismo religioso en Cuba?” realizada por Lirians Gordillo para la página digital Asamblea Feminista. Debates feministas desde la Cuba de hoy  desmonta este tipo de estrategia tan recurrente en las iglesias latinoamericanas. Cita el ejemplo de Ecuador en el 2017, y los encendidos debates en torno a la implementación de una ley contra la violencia de género. Justo entonces emitieron una Carta abierta de las Comunidades Católicas y Evangélicas del Ecuador dirigida a las autoridades y ciudadanía en general para desviar la atención de las polémicas hacia un discurso chovinista y conciliador que invocaba  a “la sabiduría de todas las culturas”, “las luchas sociales de liberación” frente a todas “las formas de colonialismo ideológico”, y llamaba a “la convivencia ciudadana en diversidad y en armonía con la naturaleza” Estar en contra de la referida carta era estar contra estos sentimientos. El documento hablaba a la sociedad desde la misma retórica ideológica del poder político ecuatoriano para erosionarlo.

En fin, lo que subyace y me aterra detrás de estas declaraciones la Iglesia Católica cubana es que sigue hablando desde un imaginario y un pensamiento patriarcal, blanquista y excluyente.

Veamos cuando el monseñor Dionisio García señala que estas “ideas [el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción, etc.] tan ajenas a nuestra cultura”, se originan en “países en los que existen grupos poderosos con gran capacidad económica y de influencias”. (Que bien conoce nuestras carencias). Es decir, donde existe una comunidad LBGTI empoderada con capacidad para negociar y disputar normas; colocar sus demandas en las grandes agendas nacionales y sus espacios políticos. Algo que en Cuba  no ha pasado ni pasará porque la mariconería, el lesbianismo, la ideología de género son ajenas a lo que él define como “nuestra cultura”.

Por otra parte, este enunciado también es una réplica intertextual al escrito “Mi modesta opinión”, del Mons. Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey en el párrafo donde  señala: “Incluso leí que en toda la Unión Europea se reconocen una serie de derechos aun en caso de que la pareja no se haya registrado ante ninguna administración. Claro está, en los países mencionados, a estas uniones no se les llama “matrimonio” sino “parejas de hecho”, que no es lo mismo […]”

Concuerdo con Ailynn Torres Santana cuando advierte: “No debemos subestimar esa agenda [se refiere al artículo 68] ni creer que la alusión a la misma y su eventual centralidad busca desvirtuar los asuntos ‘verdaderamente importantes’. Más sustantivo sería analizar el escenario integralmente. Una parte corresponde a las intensas, legítimas y necesarias luchas por ampliar e institucionalizar derechos relacionados con el reconocimiento de las diversidades sexuales y de género. Otra parte tiene que ver con la conformación de actores sociopolíticos que empiezan a aparecer, en otros códigos, en la esfera pública del país. ¿Cómo reaccionarán otros sectores de la sociedad civil y la sociedad política? Lo que está sucediendo respecto al matrimonio igualitario puede ser un mirador privilegiado de las reorganizaciones políticas cubanas”.

Lo cierto es que esta confrontación -como me decía un el poeta en Nelson Simón en Faceboock- viene a demostrar la incapacidad del movimiento LGBTI para generar un pensamiento desde nosotr@s. Un pensamiento capaz de hacer, hablar y teorizar desde sus propios márgenes hacia el centro.

Estas discusiones en torno a la Reforma Constitucional y la focalización de determinados artículos como la ley 68 sean una cortina de humo o no, están midiendo nuestra mayoría de edad como movimiento ciudadano. Nuestra capacidad para accionar no sólo en la esfera pública, sino para discurrir desde miradas transversales, articular alianzas y una plataforma común y consensuada con otros miembros de la sociedad civil cubana con una agenda similar de lucha contra la desigualdad social por razones de clase, género, identidad sexual y raza. Y en este sentido hemos demostrado todavía continuamos en una guardería como párvulos y lactantes.

Apruébese o no la ley 68, estos gestos de emplazamientos de las iglesias católica y evangélica es un ejercicio de fuerza que está enviando mensaje muy claro a la sociedad civil cubana para el futuro: “Ustedes: negros, mariquitas, lesbianas, activistas de un día, femeninitas que se dicen de vanguardia. No se tiren con nosotros porque si se tiran quedan”.

[1] Disponible en http://www.facebook.com/Convención-Bautista-de-Cuba-Occidental-598988333451329/

 

 

[2] Disponible en https://oncubamagazine.com/sociedad/alrededores-del-articulo-68/

 

¿Literatura Afrocubana? Por Alberto Abreu Arcia

¿Existe una literatura afrocubana? De existir, ¿qué rasgos gramatológicos (Derrida) o textuales podrían definirla? ¿Basta sólo el color de la piel o abordar temas relacionados con la problemática racial, la historia colectiva o personal de negros y negras, mulatos y mulatas para ser considerado un autor afrocubano/a?

Cualquiera de las respuestas que ensayemos a estas tres interrogantes nos remiten a la ausencia de un canon y un corpus de obras representativas de la literatura escrita por negros y negras, mulatos y mulatas en Cuba. Un canon con el cual dialogar, impugnar o deconstruir. Y lo que es aún más importante: la ausencia de una Historia de la Literatura Afrocubana que, en términos de proceso, describa sus momentos fundacionales, establezca periodizaciones, nos informe sobre sus regularidades y mutaciones, así como sus tensiones y negociaciones con el canon hegemónico.

Precisa recordar que a raíz del proceso de homogenización de la norma estética y la búsqueda de un canon de literatura revolucionaria que vivió el campo literario cubano desde la segunda mitad de la década del sesenta del pasado siglo. La teoría y crítica literaria cubana -influenciada por los paradigmas del realismo socialista- suprimió toda diferencia identitaria y privilegió el nacimiento de un nuevo sujeto literario (blanco, varón, marxista y heterosexual). Al tiempo que excomulgó de ese proceso de canonización y del corpus de obras emblemáticas del mismo a una muestra importante de la literatura producida por escritores negr@s y mulat@s que expresaban en sus textos un grupo de interrogantes y preocupaciones relativas a su identidad racial (el grupo literario El Puente y Adire y el tiempo roto de Manuel Granados, etc). Todavía más: las tildó de ideológicamente reaccionarias y no representativas de un país revolucionario que ya había “solucionado” la cuestión de la discriminación por el color de la piel.

Voy a detenerme en un ejemplo que nos informa cómo la historiografía hegemónica blanca y sus principales ideólogos han visto al literato negro y su voluntad de imaginar la nación cubana desde la literatura. Se trata de la antología Flor oculta de poesía cubana (Siglos XVIII y XIX) con prólogo, selección y presentación de Cintio Vitier y Fina García Marruz. La cual incluye textos de Antonio Medina Céspedes (La Habana, 1829),  Néstor Cepeda, Juan Antonio Frías (Puerto Príncipe, 1835), Mácsimo Hero de Neiba [Ambrosio Echemendía] (Trinidad, 1843), Manuel Roblejo, Narciso Blanco [José del Carmen Díaz] (Güines, 1835). Todos ellos aparecen como poetas menores (subalternos) dentro de ese canon blanquista legitimado por la historiografía literaria cubana.

Lo curioso es que si exceptuamos al primero de ellos (Medina) quien nació libre, el resto de estos autores eran esclavos. Todos, de una manera u otra, dan continuidad al complejo proceso iniciado por Plácido y Manzano en la primera mitad del siglo XIX de imaginar la nación cubana desde un cuerpo y un lugar de enunciación marginal y racialmente diferenciado. Sus textualidades ponen de manifiesto esa relación tensa que el sujeto esclavo y/o afrocubano sostiene con el poder y la palabra.

Si a estos datos sumamos otros, por demás imprescindibles, como la formación autodidacta de este grupo de poetas, sus cosmovisiones del mundo y sistemas comunicativos provenientes de la oralidad, el terror físico y psicológico que se deriva de su condición de esclavos, la carencia de un status legal, las restricciones sociales que le impiden acceder a la enseñanza, etc. entenderemos, por un lado, las limitaciones de los mismos para ser aceptados por el canon letrado blanco, y, por otro, los motivos que explican la escasa atención que los estudios literarios cubanos, en sus visitaciones a este período, le han prestado a estos textos y autores.

Doris Sommer en su libro Abrazos y rechazos. Cómo leer en clave menor, a propósito de Juan Francisco Manzano y su autobiografía aporta este dato revelador: “[…] gracias a Sonia Labrador Rodríguez  sabemos que antes de la abolición se publicaron otros  [relatos de vida de esclavos] que hoy siguen ocultos, o han sido descartados, como si la tradición de una clase intelectual negra amenazara o avergonzara todavía la cultura nacional cubana”.

No hay que asombrarse entonces del escozor que todavía produce el término afrocubano en los medios oficiales y dentro de los circuitos legitimadores del arte y la literatura producidos en Cuba. Todavía, hoy, para negro/as hablar por y desde nuestro cuerpo racializado resulta un acto ontológicamente traumático e intelectualmente complejo dentro de los recintos aristocráticos de la ciudad letrada cubana. Mi libro de ensayo Por una Cuba negra. Literatura, Raza y Modernidad en el XIX tras angustiosos intentos finalmente tuve que publicarlo fuera de la Isla.

Voy a citar otro ejemplo de esas huellas de “corrección” y disciplinamiento de los escritores negro/as dentro de la ciudad letrada cubana y sus códigos blanquistas. Hace  apenas dos años leí una reseña de una escritora negra sobre un libro de poemas de Georgina Herrera. Me llamó la atención que el texto crítico no hiciera referencia al tópico de la identidad racial eje sobre el que se articula el discurso y la poética de Herrera. Desde luego que el silencio deliberado también se lee. En este caso el mutismo, las tensiones textuales entre lo dicho y lo desplazado ponía en evidencia un origen racial y una espiritualidad que el hablante (la reseñista) continuamente obliteraba y reprimía.

Si bien es innegable que la crítica y la historiografía literaria cubana desde finales del siglo pasado se ha ensanchado a nuevas áreas o campos de estudios los cuales eran territorios inéditos o vedados para ella como la obra producida por los escritores cubanos del exilio, por la de las mujeres, por la obra de autores gay y lesbiana. Sin embargo, el estudio de la literatura producida por autores afrocubanos no ha pasado de dos o tres ensayos que se mueven fundamentalmente en el campo de la cartografía o el mapeo de esta producción. En la mayoría de los casos tales análisis, en términos de historicidad,  leen este proceso como una derivación o un fenómeno que intenta insertarse en ese canon blanquista y intenta dialogar con él desde la exclusión. No como una historia otra o como contradiscurso del mismo. Como el relato de todo aquello que fue suprimido o blanqueado por ese canon blanquista y sus preceptos higienistas. Justo lo que nunca le perdonaron a Plácido ni a Manzano. Hablo de la oralidad, del  cuerpo negro como lienzo de nuestras representaciones.

Esta indiferencia o silencio que exhiben nuestros estudios literarios ante tales problemáticas solo logra poner en evidencia el desconcierto de los mismos ante la manera en que estas textualidades interpelan, lo descolocan y cuestionan los principios teóricos a partir de los cuales se ha venido organizando y delimitando el campo literario cubano. Dichos principios postulan una unidad que obliga a estudiar objetos y sistemas unitarios y homogéneos. Mientras tildan de desecho o subproducto a todas aquellas producciones literarias que no se avengan a estas normativas.