Cuando de fundamentalismo religioso se trata… El metodismo cubano en una nuez Por Alfredo Prieto

Llegado a este punto, viene la pregunta si en Cuba las iglesias metodistas conocen que sus homólogas de fuera están discutiendo si permitir o no a sus pastores oficiar matrimonios entre personas del mismo sexo o si ordenar o no a ministros LGTBQ, aunque estos elementos de democraticidad y aggiornamento vayan acompañados por un reforzamiento en el lenguaje en el Libro de Disciplina a fin de hacer cumplir las prohibiciones sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y la ordenación del clero LGBTQ.

Un proceso a todas luces contradictorio. Por esa clásica pulsión entre tradición y renovación, se permitiría que las iglesias individuales salieran de la denominación si así lo decidieran. De acuerdo con religiosos, pastores y académicos, es muy posible que en un futuro inmediato congregaciones enteras abandonen el metodismo debido a las posiciones ultraconservadoras que, en general, lo caracterizan. Aquí radica, en breve, una de las razones por las que su capítulo cubano resulta siempre demasiado parecido a sí mismo. Se trata, simplemente, de un problema de poder ante un “avivamiento” que viene siendo cuidadosamente construido, en especial desde los años 90. Y no hay lugar para fisuras. La homosexualidad es incompatible con la cristiandad, política que el metodismo incorporó en 1972. Un cónclave recién concluido en St. Louis, Missouri, acaba de cerrarle la puerta al cambio.

El metodismo cubano en una nuez

Por Alfredo Prieto

I

En Cuba, la iglesia metodista no ha sido nunca una fuerza popular, ni mucho menos telúrica. A principios del siglo pasado, fue vista como una más de lo que los isleños llamaron “iglesias de americanos”, que habían llegado a la Isla a bordo de las cañoneras para emprender una segunda evangelización y liberarnos del “cesaropapismo católico”, al que de manera unilateral e ingenua los misioneros norteamericanos responsabilizaban de todos los males de la Colonia.

Lester Fernández, pastor de la Iglesia Metodista de 25 y K
Lester Fernández, pastor de la Iglesia Metodista de 25 y K.

Desde entonces la obra estuvo subordinada a la Iglesia Metodista Episcopal del Sur de la Florida, según ocurría en denominaciones protestantes que clasificaban como juntas misioneras domésticas (home missions) y no exteriores (foreign missions). Los metodistas obtuvieron su independencia en 1968, durante un momento convulso de la política y la sociedad cubanas en términos de relaciones Iglesia-Estado. Como indicador de esos problemas, baste señalar que en 1961 unos 53 misioneros metodistas norteamericanos regresaron a su país, y que la inmensa mayoría de los pastores cubanos decidieron seguirlos, junto a muchos feligreses, ante las dificultades del ministerio y la religión en ese entonces, un escenario de contradicción, confrontación y ausencia de diálogo.

En rigor, los debates sobre la autonomía de los metodistas en Cuba habían comenzado en los años 50, pero no fue hasta 1964 cuando el tema se presentó en la Conferencia General de la iglesia estadounidense. Cuatro años después, en 1968, el reverendo Armando Rodríguez Borges asumió como obispo de la Iglesia Metodista en Cuba, y la dirigió hasta 1991. Una vuelta a los orígenes, en el siglo xix, cuando la obra fue dirigida por nacionales. Su aporte a esta historia consistió, sin dudas, en mantener viva la llama de la fe en un contexto difícil y hostil hasta jubilarse y establecerse en Lakeland, Florida central, no sin antes enfrentar varias crisis internas que caracterizan a la historia del metodismo post 1959.

Una de ellas ocurrió durante los años 70. Una facción disidente, protagonizada por el reverendo Ariel González, pastor de Omaja –pueblito en la provincia de Las Tunas fundado por los propios metodistas a principios del siglo XX–, y los pastores de Gibara y Camagüey, Luis Pérez y Walby Leyva, respectivamente, comenzaron a introducir elementos de pentecostalismo/carismatismo y a cuestionar/desobedecer las regulaciones internas. Según el ex obispo Rodríguez,

más o menos sobre el año 1973, la situación estaba un poco fuera de control, estaban haciendo las cosas por sí mismos. No obedecían nuestra estructura [ni acataban] nuestras acciones disciplinarias; les gustaba trabajar solos, no según las pautas de la conferencia anual y del Obispo. Un grupo de ellos, en una sesión de nuestra Conferencia Anual, habló y dijo que saldría de la iglesia metodista. Esto causó un gran impacto en nuestra gente porque […] éramos una iglesia muy unida y nos aceptábamos mutuamente en nuestra propia forma de pensar o asunto político, pero esta era una situación muy molesta.

Ahí figura por primera vez quien con el tiempo llegaría a ser un insospechado protagonista del metodismo cubano: Ricardo Pereira, procedente de una zona rural y quien, como muchos otros, sintió tempranamente el llamado de Dios. El reverendo Rodríguez testimonia que

una de las iglesias locales estaba bajo el pastor Luis Pérez, uno de los disidentes que nunca regresó a la iglesia metodista. Esta fue la iglesia donde [estaba] Ricardo Pereira, el actual obispo de la Iglesia Metodista en Cuba, una persona que Dios está usando de una manera muy, muy grande.  Tenía en ese momento unos 15 o 16 años, pero la familia y otros miembros me dijeron que fueron a una zona rural a orar y pedirle a Dios que los guiara sobre lo que deberían hacer en esa confrontación. Dios los guió a permanecer en la Iglesia Metodista y trabajar en la Iglesia Metodista y trabajar para obtener más bendiciones espirituales en su vida.

Y también que

uno o dos años después, cuando Ricardo Pereira era un joven de 17 años, vino a mi oficina y me dijo que le gustaría ser pastor metodista. En ese tiempo teníamos un plan para los jóvenes. Los llamamos misioneros laicos y les dimos un mes de entrenamiento, guiándolos sobre cómo tener un servicio, cómo ser un pastor en un área rural. Así comenzó en el ministerio metodista.

Los años 80, con sus cambios en las relaciones Iglesia-Estado, incidieron a su modo sobre las denominaciones protestantes. Un libro sobre Fidel Castro y la religión, con entrevistas del sacerdote dominico brasileño Frei Betto, reconoció la existencia de discriminaciones con los creyentes y pavimentó la vía para definir al Estado cubano como laico en la Constitución de 1992. Y un encuentro del propio Fidel con líderes protestantes, en 1990, lo consolidó.

Los 90 marcaron lo que se conoce co

El pastor colombiano Juan Sebastián Rodríguez, del Centro Mundial de Avivamiento, durante un culto en La Habana, enero de 2019, junto a Lester Fernández y el obispo Pereira
EEl pastor colombiano Juan Sebastián Rodríguez, del Centro Mundial de Avivamiento, durante un culto en La Habana, enero de 2019, junto a Lester Fernández y el obispo Pereira. 

mo el reavivamiento religioso, una especie de boom después de la disolución del bloque soviético, con sus impactos económicos y sus correspondientes correlatos sociales y culturales. Estigmatizada antes y durante la época de la institucionalización (1971-1985), la religión comenzó a perder su carácter de tabú y se fue convirtiendo en un fenómeno “normal” una vez reafirmado el hecho de que formaba parte de la cultura, lo cual no pudo suprimirse ni por manuales de filosofía, ni de ateísmo científico, ni por decretos ideológicos.

En el campo del protestantismo histórico, en ese entonces se produjeron con frecuencia abruptos cruces/tránsitos de una denominación a otra, expresión de crisis y desconcierto que conspiraba contra la estabilidad de la feligresía y la pastoral de las iglesias. Ese reavivamiento iba escoltado eventualmente por lo que algunos pastores llamaron “la jabonización de la evangelización” o la “teología de la bolsita,” etiquetas que designaban la distribución de jabas con productos de aseo personal y otros productos deficitarios en el vórtice mismo de la tormenta, en especial una vez oficializada la fractura del mercado interno y la existencia de dos monedas con la dolarización de la economía (1993).

En ese contexto, los líderes del metodismo se entregaron al Espíritu y continuaron la línea de abandonar la liturgia tradicional para abrazar formas pentecostales con el fin de apelar emocionalmente a individualidades golpeadas por la crisis y crecer, estrategia que les dio resultado a mediano y largo plazos. De acuerdo con Linda Bloom, editora asistente de United Methodist Services, más de veinte años después (2017), la membresía metodista cubana se estimaba en unas 43 000 personas que asistían a más de 400 iglesias a lo largo de todo el territorio nacional.

Si estos datos son ajustados, significarían que a pesar de ese crecimiento hoy los metodistas no constituyen un porcentaje bastante discreto de la población. Tampoco sus líderes se han caracterizado por el protagonismo social, ni por hablar en nombre de la cultura cubana, de la que históricamente han estado bastante aislados, exceptuando tal vez las labores de educación bilingüe sobre muchachos y muchachas de las clases medias durante la época del Candler College y el Colegio Buenavista, ambos bajo la égida de la Iglesia Metodista Episcopal del Sur de la Florida.

II

Después de 1959 en el protestantismo cubano operaron tres tendencias en lo relativo a formas y liturgias. La primera, propia de un sector ligado a las iglesias madres, utilizaba la misma himnología traída a la Isla por los misioneros.

La segunda, a cargo de grupos de tendencia carismática, echaba mano a una abundante expresividad en el culto en medio de una prédica señalando a la alianza con Cristo como única vía de redención/salvación. La tercera, integrada por pastores de proyecciones ecuménicas, promovía cambios litúrgicos mediante un mayor acercamiento a la cultura cubana, en particular a la popular-tradicional.

Como es lógico, a fines de los años 80 y comienzos de los 90 la primera de estas tres tendencias había prácticamente desaparecido, de manera que las dos últimas actuaban ortodoxa o eclécticamente, según el caso, hecho determinado por la concepción que tuviera al respecto el liderazgo de las iglesias. Pero grosso modo, los pastores pertenecientes al protestantismo histórico prefirieron no adoptar formas carismáticas y optaron por un aterrizaje suave, es decir, por un proceso de inculturación racional, excepto en los casos de los bautistas orientales, los bautistas occidentales y los metodistas. Muchos históricos respetaban la potencialidad del pentecostalismo, con su culto más dinámico y activo, y hasta participativo, pero de hecho mantuvieron cierta distancia.

Pero no el obispo metodista, el cuarto desde la independencia en 1968. Procedente de un medio rural y sin una sólida formación teológico-pastoral, Ricardo Pereira optaría por impulsar/fortalecer una suerte de nuevo mainstream llevando de la periferia al centro tendencias que venían operando dentro de la denominación respecto al sentido y misión de la iglesia. El camino consistió, en breve, en abrazar el carismatismo y la liturgia de la segunda tendencia antes aludida, pero integrando a la vez elementos de la cultura popular.

Lo primero sin embargo fue poner la iglesia en manos del Espíritu. La dirección metodista optó por continuar con la “evangelización explosiva o en caliente”, la misma que había causado el problema en los años 70 y que, como escribe la profesora Juana Berges, “se dirige más a la cantidad de adeptos a ganar que a la calidad de la preparación o la maduración en la fe de los que comienzan”.

El sustrato de esta perspectiva consiste en asumir que la conversión de un número mayor de almas traerá, por acumulación, el saneamiento moral de la sociedad. No por azar durante esta época se refuerza la idea de una “Cuba para Cristo”, objetivo para nada inédito sino más bien un reciclaje –en las nuevas condiciones– de lo que se habían planteado los misioneros bautistas de fines del XIX y principios del XX, según figura en un interesantísimo libro de la sureña Una Roberts Lawrence, Cuba for Christ, de 1926.

Apunta la estudiosa cubana:

El crecimiento, como consecuencia del acromatismo –del ‘sensacionalismo’, como algunos le llaman–, se considera un hecho superficial, rápido, con menos base. Es decir, no gana adeptos de forma duradera. Lo que permite este movimiento es el desahogo de un conjunto de emociones contenidas, la exaltación de personalidades que lo requieren en determinado momento, pero no una profundización de las enseñanzas cristianas. Esta es la opinión de algunos líderes de iglesias históricas, preocupados porque tales tendencias han traído dificultades dentro de sus congregaciones.

Pero el avivamiento llevaba inevitablemente ciertos componentes, uno de ellos un buen sistema de relaciones internacionales. Hacia los años 90 el metodismo cubano se articuló con una megaiglesia neopentecostal, el Centro Mundial de Avivamiento, de Bogotá, Colombia, habilísima en estrategias de crecimiento que le permitieron pasar de menos de cien miembros en 1990 a cerca de 150 000 en la actualidad. De acuerdo con una investigadora colombiana,

para el Centro Mundial de Avivamiento […] el sujeto, antes de congregarse en esta iglesia, es un sujeto preso de la enfermedad, pobreza y en general, de los placeres que el mundo ofrece. Al llegar allí se libera, y para ser libre, tiene que vivir un “avivamiento”, el cual únicamente está en ese lugar: no hay otro donde las personas puedan experimentarlo. Son los pastores de esta denominación, por autodenominación, los únicos avivadores y guardianes del avivamiento.

Seguidamente, anota:

las personas que asisten se convierten en sujetos de consumo de bienes simbólicos de salvación bajo mecanismos que les aseguran su pertenencia y adscripción. Los juegos de verdad de esta institución giran en torno al discurso único de sus pastores Ricardo y Martha [sic] Patricia Rodríguez, replicado a través de los seminarios y encuentros que realizan periódicamente con los pastores y líderes miembros de su denominación. El tipo de discurso es uno solo y se centra en el tema del avivamiento. […]. La única instancia que permite distinguir ese enunciado como verdadero es la experiencia que tienen las personas en este lugar, experiencias que suceden bajo un fuerte ambiente eufórico determinado por la música y los actos de habla del pastor. […] Quienes otorgan el valor de verdad al discurso son los mismos que lo proponen y ejecutan. Aquí el poder está encarnado en la pareja pastoral. Ellos están por encima incluso de la misma institución que han creado y consolidado. 

Los colombianos Ricardo y Ma. Patricia Rodríguez, de la megaiglesia neopentecostal Centro Mundial de Avivamiento
Los colombianos Ricardo y Ma. Patricia Rodríguez, de la megaiglesia neopentecostal Centro Mundial de Avivamiento.

Según su página web, el Centro visiona una iglesia con tres características distintivas: a) hace sonreír a Dios, b) con personas que florezcan porque están plantadas en la casa de Dios, y sobre todo c) con muchos niños y jóvenes y d) con vidas cambiadas y con influencia sobre la cultura de la nación. Tiene una misión: “atraer, consolidar, discipular y equipar para servir”.

Como parte de ese equipamiento, el Centro les ha entregado no solo know how y recursos cuyas cuantías se desconocen, sino también enviado pastores a predicar en los templos metodistas de La Habana y el interior. Sin dudas una relación fructífera y duradera, como reconoció en enero pasado (2019) el obispo en un culto de K y 25. Según su propio testimonio, los dos pastores principales de esa megaiglesia, Ricardo y María Patricia Rodríguez, estuvieron en La Habana en 1994, 1995 y 2009 para asesorar y acompañar el proceso de avivamiento.

Más recientemente, hace apenas un mes viajaron a la Isla sus dos hijos, los también pastores Juan Sebastián y Ana María Rodríguez, quienes participaron en un culto que pasó a la historia por carpas, altoparlantes y altos decibeles. Observadores de diverso talaje describieron la actividad como un aleluya por la labor contra el artículo 68, suprimido del nuevo proyecto de Constitución que se sometió a criterio popular el 24 de febrero de 2019.

Los pastores Juan Sebastian y Ana María Rodríguez (al centro) junto a Lester Fernández otros metodistas, 25y K , enero de 2019
Los pastores Juan Sebastián y Ana María Rodríguez (al centro) junto a Lester Fernández y otros metodistas, 25 y K, enero de 2019.

III

                     y vio al Espíritu de Dios que descendía en forma de paloma y venía sobre Él.

                                                                                                                         Mateo 3:16

Lo segundo fue apartar a pastores no funcionales con la nueva perspectiva. Uno de los casos más divulgados dentro de la comunidad ocurrió cuando el obispo Pereira sacó al reverendo Lázaro Raúl Álvarez de la iglesia de K y 25 y lo envió a una casa-templo en Cojímar. En su lugar, puso a Lester Fernández Pla, joven pastor nacido en Jovellanos por entonces no muy conocido, pero a la larga graduado de la Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos, en Laurel University, mediante el sistema FLET o estudio a distancia. Por ahí también había pasado el obispo.

El obispo metodista Ricardo Pereira
El obispo metodista Ricardo Pereira

En la acción intervino, sin dudas, el capital simbólico que el reverendo ha reiterado en sus entrevistas en lugares como La Habana, Miami o Buenos Aires. “Muchas personas que no nos querían o no les gustaba reunirse con nosotros, ahora nos dan la bienvenida porque reconocen que la palabra de Dios no le hace mal a nadie y que sirve para cualquier sistema político del mundo, ella cambia y regenera el corazón del hombre. Eso es lo que hacía falta en Cuba”, dijo en Miami durante el XXII Congreso Internacional de Ministerios El Buen Pastor Internacional (2011). Y añadió: “Hombres que han sido formados por el gobierno comunista de Fidel y ahora de Raúl, los que no habían creído durante años, ahora están viniendo a los pies de Jesucristo”.

Esos mismos elementos le sirvieron a Linda Bloom, directora asistente de United Methodist News Services, para escribir un texto sobre la obra metodista después de una breve visita a la Isla en 2017: “Mientras algunos/as metodistas cubanos/as provienen de un trasfondo cristiano, muchos más son convertidos. [Lester] Fernández, quien describe a sus padres como ‘ex comunistas’, decidió entrar en la iglesia un día y convertirse a Cristo a los 15 años. Cuatro años más tarde, era pastor y ahora es uno de los más experimentados de la denominación”.

En carta a miembros y amigos de la iglesia del Vedado, Pereira fundamentó la decisión sobre Lázaro Raúl Álvarez de esta manera:

La Iglesia Metodista en Cuba tiene un Gobierno Episcopal que le permite al Obispo y a los Super intendentes hacer los nombramientos de los pastores para todas las Iglesias de Cuba, a diferencia de otras que lo hacen a través de las elecciones de sus miembros (Art. 368 de la Disciplina).

 Que un Pastor reciba un nombramiento para trabajar en otra Iglesia, NO SIGNIFICA que sea un mal pastor o que no esté haciendo su trabajo. En el caso del Rev. Lázaro Álvarez, tengo la bendición de haberle guiado en sus primeros pasos en la fe y haber estado con él en muchos momentos especiales de su vida, doy testimonio de que es un hombre que ha sabido caminar por un mismo Camino: JESUCRISTO y que ha dedicado desde muy jovencito todo su tiempo y esfuerzo a predicar su Palabra y enaltecer su Nombre.

 Y más adelante:

En la Biblia tenemos la historia interesante de Felipe, el hombre del Avivamiento de Samaria de Hechos 8, Dios le estaba usando con poder y las Señales del Espíritu Santo lo acompañan de manera extraordinaria. Si hubieran puesto a los miembros de Samaria a votar, Felipe habría alcanzado el 100% de los votos para que se quedara allí continuando el Avivamiento, pero Dios se lo llevó al desierto a predicarle a un solo hombre: Hch 8:26.

 Para concluir:

La Iglesia del Vedado estuvo en ayuno durante tres días pidiendo la voluntad de Dios. Las Iglesias de toda Cuba oraron y ayunaron durante los días previos a la Conferencia pidiendo la voluntad de Dios; Dios ha enviado a Felipe (Rev. Lázaro) a Cojímar, dejemos que la unción y el poder de Dios que obra en el ministerio de este hombre bendiga a los de Cojímar, hasta que sea una Iglesia tan o más grande que la del Vedado.

 Al Rev. Lester Fernández, pastor asignado para esta iglesia, le dimos un nombramiento hace unos cuantos años para una casa en ruinas. Él ha tenido el privilegio de ser el primer pastor metodista que el Gobierno Cubano le ha permitido hacer una iglesia donde había una casa. El templo que el Rev. Lester construyó es uno de los más bellos de Cuba, ni siquiera Dios le ha permitido inaugurarlo pues el Espíritu le ha dicho como a Felipe: “Ve al Vedado”.

 Un examen sumario sobre el obispo y su labor frente al metodismo cubano arrojaría la existencia de opiniones contrapuestas dentro de la comunidad metodista, de hecho polarizadas, según se comprueba en religionrevolucion.blogspot.com/2013/07/carta-del-obispo-ricardo-pereira-diaz.html.

Valgan, solo en aras de la síntesis, dos botones de muestra. Por un lado, dice uno de sus críticos:

Durante muchos años Pereira ha venido pisoteando, destruyendo, desangrando ministros relevantes en el pastorado metodista. Esta no es la primera vez que este corrupto obispo, con sus celos y ansias de poder, trata de quitarse de en medio un nuevo candidato a obispo.

Seguidamente, elabora:

Hace muchos años lo hizo con Rinaldo Hernández, quien hoy es superintendente en EE. UU., con Danilo Quevedo, uno de los pastores más brillantes de su tiempo en Cuba y hoy en un distrito de la Florida. Sagazmente, Pereira les hizo la vida imposible hasta obligarles a salir del país debido a que estos candidatos, profesionalmente, significaban un sol radiante de sabiduría ante un terco, calculador y mal intencionado como este, sin contar los muchos que abandonaron el pastorado metodista por maltrato del obispo.

Por otro, una cristiana mueve el péndulo:

No puedo permanecer callada mientras leo tanta injusticia acerca de nuestro obispo. Mi intención es hacerle saber a aquellos que no le conocen, pero leen este blog, quién es este hombre de Dios. No pretendo polemizar con quienes lo acusan de cosas tan negativas y terribles, solo por haber tomado la correcta decisión de trasladar al pastor de la iglesia de K y 25. […]

Y también elabora:

El obispo Ricardo Pereira no nació sentado en un Mercedes, no, vivió en el campo con su madre, que siempre lo apoyó y anduvo junto a él en los caminos del señor. Predicaba con zapatos cuyas suelas estabas tan gastadas, que sus pies tocaban el piso, caminaba kilómetros para ir a la iglesia en el campo donde vivía. En los tiempos en que muchos cristianos en Cuba tenían miedo de ir a la iglesia, tanto que envolvían sus biblias en periódicos para que no se supiera para donde iban, en esos tiempos el Obispo no vaciló, pasó hambre, pasó muchas necesidades, pero este hombre de Dios no se aflojó, no vaciló […]. Pero un día Dios comenzó a bendecirlo, no ha parado y no parará de hacerlo porque Dios ve en nuestros corazones y siendo sumamente justo aumentará más y más su gloria en él y TODOS, TODOS veremos que verdaderamente Dios está con él.

Un reportero que tenía problemas con la paloma descendiendo del cielo, pudo escribir una vez lo siguiente: “Muchos se preguntan si realmente fue ‘el Espíritu” quien le dijo a Lester ‘ve al Vedado’, o más bien fue idea de Ricardo Pereira”.

IV

                                                                      And the beat goes on, the beat goes on

                                                                    Drums keep pounding a rhythm to the brain.

                                                                                      “The beat goes on”

                                                                                  Sonny and Cher (1967)

Hace cuatro años, el 2 de febrero de 2015, el obispo metodista Ricardo Pereira pronunció un sermón en K y 25 en el que contó la siguiente historia:

El mayor problema que yo tenía con este hombre era su manera de sentarse. Porque él se sentaba con las piernas unidas como si usara falda estrecha. Yo le decía: “¡abre las piernas, siéntate como un hombre!”. Intenté llevarlo a jugar pelota, pero le gustaban las damas y el parchís. No había manera de que le entraran los deportes fuertes.

Para más desgracia, su mamá le había puesto “el Niñito”, un hombre de este tamaño así, y él había desarrollado una voz fina: “ña, ña, ña ña”. Criado entre hermanas, sus manos muy suaves. Hasta que Cristo hizo una obra en su vida. Él no era homosexual, era afeminado. Porque se crió entre dos hermanas, la madre lo ponía a fregar, era el chiste de la familia. Hasta que un día me dijo que quería ser pastor. Imagínense: “ña, ña, ña” predicando así, y flojo.

Pues bien: se casó con una mujer distinguida, tiene una linda familia, en Cuba fue ordenado por la Conferencia Anual y en este momento sirve en algún estado de Estados Unidos haciendo iglesias por la gloria de Dios.

Dice un viejo adagio que la tradición merodea como un duende en las cabezas de los hombres. En la figura de su obispo, la iglesia metodista local ha preferido mirar atrás y renunciar a que sus miembros ejerzan el libre albedrío, ese mismo que hace unos años presidió a la Conferencia General Metodista (2016), cuando se nombró una comisión –llamada “El Camino a Seguir” — para estudiar las sagradas escrituras y elaborar planes que abordaran la sexualidad en las iglesias metodistas de todo el mundo.

Entonces aprobaron tres planes. El más interesante fue una recomendación del Consejo de Obispos para permitir a iglesias y pastores tomar decisiones sobre esos temas partiendo de las características concretas de sus congregaciones. Se trata, obviamente, de aspectos controversiales, pero que al menos dan a líderes y fieles la posibilidad de lidiar con los cambios socioculturales en el mundo de hoy de la manera como lo determine la comunidad.

Llegado a este punto, viene la pregunta si en Cuba las iglesias metodistas conocen que sus homólogas de fuera están discutiendo si permitir o no a sus pastores oficiar matrimonios entre personas del mismo sexo o si ordenar o no a ministros LGTBQ, aunque estos elementos de democraticidad y aggiornamento vayan acompañados por un reforzamiento en el lenguaje en el Libro de Disciplina a fin de hacer cumplir las prohibiciones sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y la ordenación del clero LGBTQ.

Un proceso a todas luces contradictorio. Por esa clásica pulsión entre tradición y renovación, se permitiría que las iglesias individuales salieran de la denominación si así lo decidieran. De acuerdo con religiosos, pastores y académicos, es muy posible que en un futuro inmediato congregaciones enteras abandonen el metodismo debido a las posiciones ultraconservadoras que, en general, lo caracterizan. Aquí radica, en breve, una de las razones por las que su capítulo cubano resulta siempre demasiado parecido a sí mismo. Se trata, simplemente, de un problema de poder ante un “avivamiento” que viene siendo cuidadosamente construido, en especial desde los años 90. Y no hay lugar para fisuras. La homosexualidad es incompatible con la cristiandad, política que el metodismo incorporó en 1972. Un cónclave recién concluido en St. Louis, Missouri, acaba de cerrarle la puerta al cambio.

Por el diseño original
Por el diseño original

Eso fue lo que llevó a Lester Fernández a decir en K y 25 que si en varios países de Europa se habían aprobado leyes para regular las uniones entre personas del mismo sexo, ello se debía a debilidades de la Iglesia. “Gracias al Señor”, dijo, “nuestras iglesias en Cuba no están así y el Señor nos ha preparado para este momento hoy más que nunca porque somos una iglesia bien definida y el pecado que se aborrece, se aborrece”.

Una singular mezcla de doctrinarismo, protagonismo y miedo explica la proyección pública del liderazgo metodista local, manifiesta primero en las cartas oponiéndose al matrimonio igualitario, junto a otras iglesias cristianas y evangélicas; y después en el culto de clamor por la familia, donde exhibieron carteles con la inscripción “Estoy a favor del diseño original”. El idiolecto usualmente bíblico del obispo se transmutó de pronto en lenguaje militar al decir desde El Vedado: “Seguro que en cualquier lugar de Cuba sería una mañana extraordinaria, como ya podrán ver por las fotos lo que ha sucedido. Yo preferí estar en este, que para mí es el Cuartel General”.

“No somos homofóbicos porque los cristianos no tememos, no rechazamos y no somos intolerantes de [sic] las personas homosexuales; por el contrario, cumpliendo con el mandato divino, los amamos, oramos por ellos y les predicamos el Evangelio”, dice uno de los manifiestos de las iglesias. Pero no puede haber aceptación de la alteridad porque lo característico de su pensamiento consiste en identificar una causa pecaminosa cuya solución radica en aceptar la palabra verdadera, administrada por el predicador.

Y ya sabemos cuál es esa “palabra verdadera”, profunda, subyacente, si nos atenemos a la historia referida al inicio de este texto. Una estudiosa lo dice: “existen acontecimientos que prevalecen en la vida y que en la mayoría de los casos son dramáticos: la transgresión, el pecado, la enfermedad, el dolor, la pobreza, la muerte; todos estos acontecimientos están determinados aparentemente por la forma en que se ha conducido la vida, y quien los vive necesita la salvación y el perdón, por lo cual se requiere de la intervención de un tercero, de un ‘otro’ que lo absuelva, perdone o restaure, para esto es necesario la ‘renuncia a sí mismo’”.

Esta idea de arrepentimiento/perdón/conversión se encuentra específicamente desarrollada en el punto 4 de uno de los manifiestos contra el matrimonio igualitario: “el amor de Dios es para todos los seres humanos independientemente de su orientación sexual, ideología política o religiosa, para ser regenerados y transformados una vez que hayan procedido al arrepentimiento por medio de la fe en Jesucristo”. Para decirlo en lenguaje directo: las iglesias afirman –y la metodista con ellas– que las personas homosexuales viven en pecado solo por su condición de tales, pero que son rescatables si renuncian a esa preferencia sexual/identitaria y entran por el aro. Punto.

Los metodistas hicieron una elección sin resquicio alguno para la diversidad, lo cual reforzaron con una visión fija e inmutable de la cultura y el pueblo cubanos. “La noticia de que la Asamblea del Poder Popular ha descartado la propuesta del artículo 68, como estaba en el proyecto, y que lo hacen porque se demostró que una parte mayoritaria de la población de Cuba lo rechazaba, da una medida de cuánto el pensamiento de la Iglesia Evangélica de Cuba representa al Pueblo Cubano. Damos gracias a Dios por ser parte de esta Iglesia Evangélica en Cuba”, dijeron en diciembre.

Durante todo el proceso del artículo 68 desarrollaron un ejercicio de visibilidad pública buscando apoyo e incluso empatía social para sus posiciones. Firmaron documentos/manifiestos. Utilizaron los locales de la iglesia de 25 y K para un peculiar “ecumenismo”. Salieron a hacer proselitismo y a repartir biblias. Distribuyeron y pegaron pasquines. Hicieron cultos con alto nivel de ruido ambiental. El acto final fue más capital simbólico: una renovación de los votos matrimoniales y de apoyo a la familia tradicional en el Malecón habanero.

“En el día de hoy, muy próximo a la celebración del Día de los Enamorados y solo a una semana de la votación sobre el proyecto de Constitución en Cuba, con un art. 82 muy amplio sobre familia, las iglesias de Marianao y el Vedado decidimos terminar nuestra Fiesta de Confirmación de Votos Matrimoniales en el Malecón Habanero. Más de 200 parejas reafirmamos nuestro compromiso de ‘amarnos hasta que la muerte nos separe’ y [de] que ‘varón y hembra’ como Dios nos creó es Matrimonio y base de la Familia”, escribió en Facebook el pastor Lester Fernández.

Renovación de los votos matrimoniales y de apoyo a la familia tradicional en el Malecón, febrero de 2019
Renovación de los votos matrimoniales y de apoyo a la familia tradicional en el Malecón, febrero de 2019.

Igual que en todas partes, se colocaron ante el problema como si se tratara de un tsunami o un Armagedón. “Queremos sensibilizar a las autoridades del peligro que puede traer para la nación el matrimonio igualitario”, había dicho en julio Dariel Llanes Quintana, presidente de la Convención Bautista de Cuba Occidental.

No hay peras en el olmo. El ritmo continúa.

 

Autor: afromodernidad

Intelectual afrocubano, activista contra la homofobia y la discriminación racial. En el 2007 obtuvo el premio Casa de las Américas en ensayo artístico literario por su libro Los juegos de la Escritura o la (re) escritura de la Historia. Ha publicado otros libros como: El gran mundo (cuentos), Virgilio Piñera. Un hombre una Isla (Premio UNEAC de ensayo, 2000) La cuentística de El Puente o los silencios del canon narrativo cubano (Aduana Vieja, 2016) y Por una Cuba negra. Literatura, raza y modernidad en el XIX (Editorial Hypermedia, 2017).