Palabras de Elogios a Tomás Fernández Robaina leídas por Víctor Fowler en ocasión de la entrega de la disti nción por la Cultura Nacional

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Foto de Palabras de Elogio a Tomás Fernández Robaina en ocasión de la entrega de la distinción por la Cultura Nacional, 5 de marzo de 2021, Biblioteca Nacional.Lo que Tomasito no sabe

Palabras de Elogio a Tomás Fernández Robaina en ocasión de la entrega de la distinción por la Cultura Nacional, 5 de marzo de 2021, Biblioteca Nacional.Lo que Tomasito no…

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Experiencia Comunitaria Wenilere Cardenense

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Wenilere Cardenense ofrece tambor de agua a los siete negros y mulatos fusilados en la Plaza Malcof el 1 de octubre de 1844 y a los abakua caídos el 27 de noviembre.

27 de noviembre de 2020: Representantes de organizaciones juveniles y políticas recuerdan el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina en 1871, durante un acto en formato reducido ante el monumento que recuerda a dichos mártires en La Habana. Un grupo de activistas se congregan bajo el jagüey ubicado en la esquina de las calles Morro y Colón, La Habana Vieja, para recordar a los cinco jóvenes abakuás que intentaron impedir el asesinato de los estudiantes. La iniciativa incluye un homenaje al periodista, investigador, ensayista y experto en temas afrocubanos Serafín Tato Quiñones (1942-2020), quien dedicó los últimos años de su vida a rescatar del olvido la memoria de esos anónimos héroes afrodescendientes y que su hazaña sea…

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Experiencia Comunitaria Wenilere Cardenense

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Experiencia Comuitaria Wenilere Cardenense

¿Qué somos?

Wanilere Cardenense es una experiencia comunitaria de articulación y transformación integral con énfasis en lo sociocultural.

¿Qué hacemos?

Trabajamos por la preservación y revalorización de las tradiciones afrocubanas. También visualizamos la enorme contribución de los hombres y mujeres negras a la fragua de la nación cubana y de nuestra identidad nacional tomando como punto de partida la historia de la localidad.

Promovemos estrategias de impulso a emprendimientos de desarrollo local, redes de empoderamiento familiar, capacitación comunitaria y el autofinanciamiento como punto de partida para el mejoramiento de la calidad de vida en la zona donde se enclava nuestra experiencia comunitaria y del desarrollo de nuestra localidad.

Estimulamos la creación de espacios para reflexión y el diálogo sobre aspectos relacionados con la equidad social, el respecto a la diferencia, la no discriminación por cuestiones de raza, género, territorio e identidades sexuales, y por la no…

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Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud — AFROMODERNIDADES

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Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud. Por Sarahi García Gómez Hoy, comenzamos a transitar la Cuaresma. Para la tradición cristiana este es un tiempo para la penitencia y el arrepentimiento, un tiempo para el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad y así siempre repetimos: “somos polvo y al polvo volveremos”. Pero para nuestros cuerpos negros, […]

Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud — AFROMODERNIDADES

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Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud — AFROMODERNIDADES

Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud. Por Sarahi García Gómez Hoy, comenzamos a transitar la Cuaresma. Para la tradición cristiana este es un tiempo para la penitencia y el arrepentimiento, un tiempo para el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad y así siempre repetimos: “somos polvo y al polvo volveremos”. Pero para nuestros cuerpos negros, […]

Una relectura de la Cuaresma desde nuestra negritud — AFROMODERNIDADES

Experiencia Comunitaria Wenilere Cardenense

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About us

Wanilere Cardenense is a community experience of articulation and integral transformation with an emphasis on the sociocultural.

What we do

We work for the preservation and revaluation of Afro-Cuban traditions. We also visualize the enormous contribution of black men and women to the forge of the Cuban nation and to our national identity, taking the history of the town as a starting point.
We promote strategies to encourage local development ventures, family empowerment networks, community training and self-financing as a starting point for the improvement of the quality of life in the area where our community experience and the development of our community are located.
We stimulate the creation of spaces for reflection and dialogue on aspects related to social equity, respect for difference, non-discrimination based on race, gender, territory and sexual identities, and non-violence against women and girls.
We encourage the exercise of good practices related to…

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¿Por qué los blancos temen hablar de raza?

“¿Por qué los blancos temen hablar de raza?” de June Eric-Udorio es un texto que leí allá por el 2017 y que todavía recuerdo. Aquí la categoría de fragilidad blanca (whitefragility) acuñada por la doctora Robin DiAngelo, deviene en una herramienta clave para deconstruir la blanquitud.“Con el tiempo se ha hecho evidente que las personas blancas tienen umbrales de tolerancia extremadamente bajos a la hora de lidiar con la incomodidad producida al ser desafiados por sus posturas raciales”, escribió DiAngelo en el referido artículo.

¿Por qué los blancos temen hablar de raza?

Los blancos suelen “desistir, defenderse, gritar, discutir, minimizar, ignorar, o hacer cualquier otra cosa para retomar [su] posición racial y su equilibrio”.

Por June Eric-Udorio

Durante las últimas décadas, la industria editorial del Reino Unido ha sido cada vez más consciente de lo mucho que excluye las voces y colaboraciones de las personas de color  así como las de aquellos de entornos marginados. La semana pasada, la librería Waterstones anunció que contrataría a una mujer llamada Elizabeth Preston para relanzar el programa de eventos de una de sus tiendas; sería un lugar de “actividad literaria, cultural e intelectual”. En la mañana del martes descubrí que el panel estaba conformado únicamente por personas blancas (NikeshShukla fue invitado, pero no estaba disponible; luego se unió Sunny Singh, y se espera que se incorporen más), y escribí un tweet sobre lo que a mí me pareció un problema: nuevamente, se estaba excluyendo de la conversación a los escritores de color.

Preston respondió a la defensiva, cosa que yo no había anticipado; no la había acusado de ser racista y esperaba poder conversar con ella sobre la falta de diversidad en las editoriales y cómo pensaba manejar esto. ¿El resultado? Dijo que se había sentido atacada. Sin embargo, escribió un tweet que decía: “Soy consciente de que el panel es un problema en este momento; es algo en lo que estoy trabajando”.

Preston se disculpó después conmigo en privado, pero nuestro extraño intercambio de mensajes me dejó pensando: ¿qué hace que hablar de raza sea algo tan volátil? Me di cuenta de que esto no se reducía a la respuesta de Preston a mi observación, sino que es un problema más amplio: la gente blanca no sabe cómo comportarse cuando la cuestionan en público acerca de su postura frente a temas relacionados con raza. Se siente incómoda, e incluso termina victimizándose para defenderse o decide recurrir al gaslighting con la gente de color y no escucha sus opiniones.

Resulta que esa reacción tiene un nombre: fragilidad blanca (whitefragility). El término fue acuñado por la doctora Robin DiAngelo. “Con el tiempo se ha hecho evidente que las personas blancas tienen umbrales de tolerancia extremadamente bajos a la hora de lidiar con la incomodidad producida al ser desafiados por sus posturas raciales”, escribió DiAngelo en un artículo.“Logramos resistir la primera ronda de cuestionamientos, llevando la discusión a lugares comunes. Decimos cosas como ‘la gente simplemente necesita’, o, ‘la raza en realidad no significa nada para mí’, o, ‘todo el mundo es racista’. Pero si intentamos ir un poco más profundo en el argumento, nos desmoronamos”.

Para ser justos, DiAngelo es estadounidense, así que toda su postura está montada sobre un tema complicado en Estados Unidos. Pero eso no significa que en Reino Unido [o en Colombia] no tengamos problemas con la raza y las etnias. En Inglaterra, el racismo siempre ha sido más sistemático, más insidioso y, de muchas maneras, más oculto. Se mantiene la peligrosa idea de que no tenemos un problema de racismo; esto implica que, cuando se señala el prejuicio, la población blanca a menudo no está lista para reconocer las formas en las que hiere al resto. No importa que las minorías étnicas compongan una parte más reducida de la población que en Estados Unidos; de todas formas, somos propensos a las reacciones de las que habla DiAngelo cuando se intenta empezar una conversación sincera sobre raza o racismo: los blancos suelen “desistir, defenderse, gritar, discutir, minimizar, ignorar, o hacer cualquier otra cosa para retomar [su] posición racial y su equilibrio”.

Le comenté esto a Daisy Buchanan, una colega periodista blanca. “Me da mucho miedo hablar de cualquier cosa que tenga que ver con raza por el cuestionamiento público”, me dijo. Como ejemplo, me contó de una vez que escribió sobre el video de Beyoncé de “PrettyHurts”. “Un usuario de Twitter —que además creo que era blanco— se dirigió a mí, con un lenguaje bastante abusivo, diciendo que una mujer blanca no podía opinar o criticar a Beyoncé; y creo que eso tampoco está bien. La cultura del cuestionamiento público necesita incluir civismo en todas sus formas. Algunas personas lo utilizan para ser desagradables o groseras; tratan de quedar como si fueran los más correctos, cuando en realidad no está explicando ni debatiendo, sólo son hirientes”.

Mi amiga Catrin Cooper, cineasta, también me contó que “cuando las personas blancas son cuestionadas en público, la repuesta más común es la defensa y el ataque, cosa que es especialmente visible en Internet. Nos preocupa más ser vistos como los ‘blancos buenos’, que asumir la responsabilidad de nuestras acciones o palabras”.

Cuando le dije a Preston que podía “hacer un mejor trabajo” en cuanto a la diversidad de su panel, la hostilidad que recibí se convirtió en un caso clásico de “fragilidad blanca”. A DiAngelo le sonó familiar. “Estuve hablando durante mucho tiempo con blancos sobre racismo”, me dijo por Skype. “Aparecieron patrones consistentes, se volvieron predecibles”.

Continuó: “Hasta que los blancos no entiendan que el racismo está insertado en todo, incluyendo nuestra consciencia y socialización, no podemos progresar. El paradigma actual bajo el cual actuamos, con un enfoque sobre el individuo y no sobre el sistema, funciona perfectamente para proteger el racismo y el privilegio blanco”. Básicamente, vivir en un mundo en el que promovemos que la gente “no vea colores” sirve si haces parte de la mayoría étnica —que además es vista como la predeterminada—, pero silencia las conversaciones sobre cómo los prejuicios raciales implícitos afectan nuestras vidas. Muchos son víctimas de microagresiones en el trabajo, e incluso hay gente que opta por poner nombres de “blanco” en su hoja de vida para tener más probabilidades de ser contratada.

Le escribí a Preston para preguntarle qué pensaba sobre nuestra conversación. Esto es algo de lo que me escribió en un mensaje: “Tus críticas sobre el programa de eventos estaban desinformadas. Mi reacción simplemente se debió a que estaba molesta porque sentí que los comentarios que hiciste no estaban justificados; además, sabía que ya se había hecho un daño irreparable. (Los hiciste vía Twitter, donde nadie se molesta por corroborar la información). Creo que nuestro intercambio no tuvo que ver con el tema raza. Le respondería igual a cualquiera que criticara mi trabajo injustamente”.

Así que a ella no le pareció que nuestra conversación, enmarcada en un contexto de diversidad, fuera sobre raza. Para muchas personas negras llega un punto en el que el silencio se vuelve más seguro que hacerse visible. Cuando hablamos, desestabilizamos las cosas y con frecuencia nuestra disrupción tiene un precio. Hasta que no podamos llegar a un paradigma en el que, en vez de que se responda con la fragilidad blanca, los blancos puedan escuchar, aprender y trabajar por destruir las jerarquías de las cuales se benefician, no vamos a poder salir adelante.

Elijo despertar Por Sarahí García Gómez

Quien habla en este texto lo hace desde el espacio de la fe cristiana. Desde allí cuenta como desde su condición de mujer negra y madre, no sólo experimentó el racismo, sino se produjo el reconocimiento y concientización de su identidad racial. Esta texto viene a subrayar la pluralidad de poscionamiento generacionales, políticos, religiosos, de género, teóricos, de identidad sexual, (agreguese un etc larguísimo) que en la actualidad convergen hacia el interior del activismos antirracista y del Movimiento Afrocubano

De niña solía preguntarme por qué tuve que ser negra. Junto a esa pregunta había otros por qué, todos relacionados con las burlas, las acciones o comentarios desagradables que me invitaban a odiar mi color de piel y todo lo que representaba. En ese momento yo no entendía muchas cosas, no me interesaban las historias ancestrales de mis abuelas, pero una cosa sí aprendí desde pequeña, herencia de toda mi parentela “Siempre tienes que dar más y esforzarte, porque tú eres negra”. Esa frase me ha acompañado como pesada extensión de mi cuerpo. Confieso que aún me es difícil deshacerme de ella. Así, fui creciendo, y la incorfomidad con mi negritud se fue tornando en rechazo a lo que era diferente a mí. Fui entrenada para responder “blanco peste a leche” a quien me dijera “negra mona”… ¡y sentía tanta satisfacción al proferir esa frase! Pero no aprendí a responder al rechazo de una mirada desdeñosa o ese rechazo que no necesita de palabras sino que viene vestido de invisibilización o descalificación.

Gracias a Dios, siempre llega ese momento de luz, de despertar, y ese primer tiempo fue durante mis estudios universitarios. Comencé a repensar todo lo relacionado con mi identidad, a comprender de una manera más conciente el comportamiento humano-inhumano… y de nuevo vinieron las preguntas pero en otro sentido. Ya no me cuestionaba a mí, sino a la realidad que vivía, injusta, racista y excluyente. La universidad no solo me enseñó sobre psicología. Las relaciones y convivencia con personas de África, el resto del Caribe y Medio Oriente me abrieron un mundo de conocimiento y sensibilidad hasta entonces desconocido, que me llenaron de orgullo por mi color de piel, mi negritud….

Luego vino mi entrada a la Iglesia. Como en la universidad, volví a sentirme minoría. Regresaron las preguntas cuestionadoras de la realidad ante frases y acciones que muchas veces las personas no eran capaces de imaginar cuanta carga excluyente y dolorosa portaban. Mi conciencia negra y mi orgullo crecían … La Biblia, los espacios educativos del Movimiento Estudiantil Cristiano, la formación teológica en la Iglesia Presbiteriana Reformada en Cuba, o en instituciones ecuménicas como el Centro Martin Luther King, el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo y el Seminario Evangélico de Teología, así como el acompañamiento de personas en las comunidades de fe, dispuestas a aprender y caminar hacia la equidad, trajeron más luz a mi vida. Y eso es lo que interpreto como vocación, ese llamado que me ha hecho Dios a celebrar y compartir lo que soy, a colaborar desde mi conciencia y mi pertenencia. Ya no se trata sólo de una cuestión de orgullo propio, se trata de un llamado a construir junto a Dios esa nueva creación donde la bondad, la justicia, la sabiduría ancestral tatuada en nuestra piel, en nuestros carismas y en nuestra africanidad, pueda ser compartida y pueda expresar lo verdaderamente bello y divino de nuestra existencia… Mi último despertar fue ser madre… Ser madre me ha llevado a trascender aún más el espacio cerrado del hogar y conectar con la invitación de Dios a que las personas se quieran y respeten, que las niñas y los niños no tengan que preguntarse por qué soy negra, sino que lo disfruten y lo vivan como una bendición. Que nuestr@s jóvenes no tengan que pensar “si no fuera negro no estuviera constantemente bajo examen, cuestionamiento extra y peligro real de muerte”. O las madres y padres negros no tengan que exigir el mayor esfuerzo a sus hij@s para “demostrar” que valen y pueden. O personas ancianas no tengan que sufrir con tanto dolor debajo del sol, de generación en generación. Se acabarían los peros con que han violentado nuestra identidad, las sospechas que se levantan ante nuestros justos reclamos y las risas cómplices que intentan ridiculizarnos… Es muy difícil y agotador eso de hacer que la gente negra se ame,  porque aún en nuestras aulas hay maestras que piensan que todos los colores embellecen el paisaje menos el negro, o nuestra hija sigue escuchando chistes acerca de “por qué tenemos el pelo malo y la nariz chata y solo la palma de las manos blancas: es que llegamos tarde a todas las distribuciones y lo nuestro fue lo malo y atrasado”; y todo el mundo ríe en el aula de tu hija y ella se siente muy sola porque ha sido entrenada para no reír ante estos chistes pero toda su aula esta riendo. O en la Iglesia, en una clase de escuela dominical, a niños y niñas les perece extraño pintar los personajes bíblicos de color negro. O la historia (selectiva) sigue siendo prolija en contar acerca de héroes de piel blanca y escasa en presentarnos rostros e historias de personas negras que han hecho una contribución valiosa. O te cuestionan por llevar tu pelo natural, porque luce a los ojos de “expertas de la moda” poco elegante, nada fino y muy exhuberante. O personas que tú quieres, sin darse cuenta te hieren con sus comentarios carentes de sensibilidad donde “lo negro” es el adjetivo perfecto para acompañar sustantivos como día, humor, pelo… cuando se necesita reenmarcar su supuesta mala cualidad. O eres tildada de complejista, extremista y exagerada cuando pones la señal de alarma antirracista que tienes activada por tus múltiples despertares. O eres incomprendida cuando intentas desarticular frases superficiales que no van a la raíz del asunto, al pecado estructural histórico que limita a las personas negras en su desarrollo integral con equidad de oportunidades y posibilidades, frases como “el negro es más racista que el blanco”, o “tiene tendencia al comportamiento delictivo” o “es bueno sólo en deporte y baile”.

Agradezco a Dios porque además de mi esposo, mi hija y mi hijo, retadores por excelencia de mi vida, en el último año he conocido personas, activistas antiracistas, que me han sacudido de manera rotunda por si se me ocurre dormir nuevamente el sueño engañoso de la comodidad, la enajenación o el egoísmo. Mi exhortación para quien ha sentido ese llamado de Dios “al mejoramiento humano y la utilidad de la virtud”, es a elegir insistentemente ese despertar; si eres del grupo excluido, amándote, amando a tu gente y reconociendo las posibilidades infinitas de tu identidad, y sobre todo luchando por una sociedad de más derechos y menos privilegios (eterna utopía que como dijera Galeano, nos sirve para caminar). Si eres del grupo excluyente, a escuchar, aprender, dejar de atacar o defenderte desde una supuesta superioridad que Dios nunca te concedió y te cuestiona todo el tiempo.

Nos enfrentamos a la elección de seguir con nuestras vidas sin complicarnos mucho la existencia o abrir espacios de respeto a la dignidad propia, del otro y de la otra, de inclusión verdadera y no solo en el discurso o en el “trending topic” de las redes sociales. Es nuestra elección seguir en la superficie o ir a lo profundo y poner atención a nuestras maneras de relacionarnos (con nosotros mismos, con el prójimo, con quienes están distantes no solo físicamente, y con toda la creación de Dios), recordando que nuestras lógicas siempre serán subvertidas por el Abba proclamado por Jesús de Nazaret. Es nuestra elección seguir llevando o no el grillete de todo pensamiento y acción colonialista que denigra lo que es considerado inferior desde esa mirada esteroetipada y racista, esa ancla que naturaliza la exclusión y descalifica algún rasgo de las identidades que nos atraviesan.

Mi elección es pues despertar, sentirme parte y hacer sitio para que siempre entre alguien más en el gran banquete al que nos invita Dios. Hay sitio para tod@s y sus invitadas de honor son aquellas personas que siempre fueron consideradas inferiores. Así, muchas cosas del reinado proclamado y vivido por Jesús serán posibles y serán realidad.

DECLARACIÓN DE ALIANZA UNIDAD RACIAL.

entrealianzasblog

Screenshot_20200611-140428~3La Habana, 9 de junio del 2020.

Alianza Unidad Racial, realiza esta Declaración, en virtud de sumarnos a las innumerables protestas que internacionalmente se realizan, por el respeto a la vida e integridad de las personas negras.
Tomamos como antecedente, el que el año 2011 se decretara por la Asamblea General de Naciones Unidas, como el “Internacional de los Afrodescendientes”, momento histórico en que decidimos crearnos como proyecto socio jurídico cultural, en defensa de las personas Afrodescendientes y de otras que sufrieren cualquier tipo de discriminación. Somos un proyecto que si bien incluye a personas de la sociedad civil, tiene en su composición a varios juristas, lo que nos llama a pronunciarnos desde el Derecho Internacional Público y Privado, como abogados negros, conocedores de las normativas de carácter nacional e internacional.
DECLARAMOS, que la Organización de Naciones Unidas, conocida por sus siglas ONU, tiene la responsabilidad moral de intervenir en…

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No soy queer, soy negrx, mis orishas no leyeron a J. Butler- yos (erchxs) piña narváez

“No soy queer, soy negrx, mis orishas no leyeron a J. Butler” realiza una crítica y deconstrucción de lo queer, y la teoría tullida/monstruosa, así como de la blanquitud en tanto espacio hegemónico que construye los imaginarios de lo erotizable y lo no erotizable. Quien habla en este texto lo hace desde su cuerpo etnoracializado, migrante, negrx. “No soy queer, soy negrx, mis orishas no leyeron a J. Butler”, según nos confiesa su autorx formua “una crítica al discurso gay/queer resaltando expresiones locales caribeñas para encarnar las disidencias sexuales”. Para ello se apropia del concepto de “la oshunalidad” acuñado por Zelaika Hepworth, afrojamaiquina e investigadora en estudios decoloniales y sexualidad. La “oshunalidad” como una forma multiepistémica-ancestral y divina de sentir-entender-vivir. También apuesta por expresiones no blancas de relacionarnos, abrazarnos, construir el placer desde el manto de Oshun.

Zineditorial

Versión para leer:

No soy queer, soy negrx. lectura

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