Cuba 1912: La matanza de negros, la reseña de Pedro Cubas y mis consideraciones al respecto.

AFROMODERNIDADES

Cuba 1912: La matanza de negros, la reseña de Pedro Cubas y mis consideraciones al respecto.

Por Tomás Fernández Robaina.

Recientemente mi colega Maikel Colon me habló de: Cuba 1912: La matanza de negros, título debido a Juan Benemelis e Ileana Faguaga, ambos amigos míos desde hace muchos años. Recibí la noticia con alegría y admiración porque siempre me regocija conocer las nuevas obras que circulan sobre aspectos no abordados con frecuencia en nuestra historiografía, y poco enseñado en nuestras aulas, como el Partido Independiente de Color(PIC). La obra de Serafín Portuondo Linares Los Independientes de Color(1950), que mostraba las causas justas que motivaron la fundación de dicha organización, y obras posteriores que el investigador Pedro Cubas Hernández relaciona en su interesante artículo “Revisitando 1912 con un espíritu más crítico: una reseña/ glosa escrita a ciegas”, publicado en Cuba Posible , el cual me ha estimulado para…

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Una excursión descolonizadora

AfroCuba lgbtiq+

Este fin de semana el Aula de Saberes, finalizó oficialmente su curso ¨La historia social del negro en Cuba¨, impartido por los investigadores Roberto Zurbano Torres y Tomás Fernández Robaina, bajo la coordinación del proyecto El Club del Espendrú, en las ediciones 2018-2019, con una excursión que cubría la visita al Museo Casa del Mayoral, Museo de Arte Africano, río Canímar y Varadero. La excursión a esos lugares tenía como objetivo conocer más sobre la historia de nuestros ancestros, su historia de resistencia y rebeldía, esa que no se cuenta.

Aprender a mirar la realidad a nuestros alrededores con ojos descolonizadores, donde se activa la memoria para poder transformar el presente que busca un camino que excluye, discrimina y margina.

La visita a los museos contó con la participación de la especialista Isabel Hernández quién contaba durante todo el camino la historia de la…

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La discriminación es “una realidad que debemos transformar sumando a más personas y conectando las agendas”. Conversando con Yadiel Cepero.

Yadiel Cepero es conocido por su militantica dentro del activismo LGBTI cubano y su plataforma de discusión en Facebook Construyendo una agenda de la diversidad sexual en Cuba. Además es un excelente conversador. Precisamente de esas conversaciones nació en mí la idea de esta entrevista. Me llamaba la atención la manera en que una persona no negr@ y al mismo tiempo un batallador incansable contra la discriminación por razones de disidencia sexual reflexionaba sobre la problemática racial cubana y el activismo antirracista tratando de leer y desmontar los silencios que al respecto hace el Proyecto de Reforma Constitucional.

Alberto Abreu: ¿Cuándo fue tu primer acercamiento al tema de la discriminación racial?

Yadiel Cepero: Respeto a quienes han dedicado su vida y obra a estudiar las cuestiones asociadas a la discriminación racial. Soy activista por los derechos de la ciudadanía LGBTIQ. Mientras estudiaba en el IPVCE Carlos Marx, se me hizo evidente la desproporción entre personas blancas y no blancas en el aula. Entonces no tenía conocimientos ni herramientas para comprender del todo la problemática, menos aún para intentar revertir la situación. Ya en la Universidad de las Ciencias Informáticas, me vinculé al Proyecto Cultural MALATESTA, donde comencé a leer, asistí a talleres y en alguna medida incorporé la temática como parte de las obras que realicé para el Festival de Artistas Aficionados.

Como activista LGBTIQ entiendo que la discriminación basada en orientación sexual e identidad de género, muchas veces se presenta acompañada de otras formas de discriminación, entre ellas la racial. Es sabido que la sociedad cubana no ve ni trata de igual forma a una mujer blanca heterosexual, que a una mujer negra lesbiana. Es una realidad que debemos transformar sumando a más personas y conectando las agendas.

 

mendive (37)Alberto Abreu: ¿Cómo ves el tratamiento que hace el Proyecto de Constitución al tópico de la discriminación racial?

Yadiel Cepero: En el orden personal, considero que los artículos que hacen parte del Proyecto de Constitución de la República no permiten dar respuesta a toda la problemática de la discriminación racial. Así lo expresé cuando se discutió el proyecto en mi centro de trabajo. La C-76 en su artículo 42 incluye entre varias causales de discriminación la “raza” y el “color de la piel”. En el artículo 40 del Proyecto de Constitución se amplían las causales de discriminación, pero se elimina la causal “raza”, quedando solamente “color de la piel” para trabajar la discriminación racial.

Si bien los estudios científicos niegan la existencia de razas en la especie homo sapiens, muchas personas continúan discriminando a partir de la creencia errónea en la existencia de las razas y la superioridad de unas sobre otras. Por otra parte, hay un grupo de cuestiones asociadas a la discriminación racial y el racismo que no pueden trabajarse con la causal “color de la piel”. Por ejemplo, el tipo de pelo, los rasgos faciales, etc.

El único lugar del Proyecto donde se menciona el racismo es en el párrafo 173 del Capítulo de Relaciones Internacionales. A mi juicio, este tema debe tener similar tratamiento en el articulado que aplica al interior del país. Es por ello que propuse modificar el párrafo 141 del artículo 40 para añadir a la redacción actual que: “El Estado cubano repudia cualquier manifestación de racismo o discriminación.”

Alberto Abreu: ¿Cuáles son las dificultades que enfrenta el tópico de la discriminación racial a la hora de traducirlo como una demanda jurídica explícita en la Carta Magna?

Yadiel Cepero: No me atrevería a decir que sea propiamente una dificultad. La forma en que está redactado el artículo 40 del Proyecto de Constitución, obliga a tener bien identificadas las causales o motivos por los que no se debe discriminar. El “color de la piel” es uno de ellos, pero no cubre toda la problemática de la discriminación racial y el racismo.

La ciudadanía LGBTIQ, por ejemplo, ha logrado un consenso respecto a la necesidad de que no se discrimine por razones de “sexo”, “género”, “orientación sexual”e “identidad de género”. Con el acompañamiento de centros e instituciones académicas se ha trabajado para ganar en claridad al respecto, hasta lograr que aparezcan explícitamente en el Proyecto de Constitución. Resulta más fácil de contrarrestar la homo/bi/trans/fobia si se sabe cuáles son las variables que intervienen.

Quienes trabajan la discriminación racial debieran, a mi parecer, consensuar sus demandas y la forma en la que deben ser reflejadas en la Constitución. Ello contribuiría a que activistas y colectivos que trabajamos otros temas podamos acompañar/respaldar ese consenso.

Recientemente el blog “Negra cubana tenía que ser” publicó una “Declaración de activistas, intelectuales y proyectos antirracistas en solidaridad con las personas LGBTIQ* y en respaldo al artículo 68”. Sin embargo, a la ciudadanía LGBTIQ le ha costado apoyar la agenda contra la discriminación racial sobre todo porque no está consensuada. Una y otra vez aparecen pronunciamientos de importantes figuras del movimiento contra la discriminación racial, pero se trata de opiniones individuales, que en no pocas ocasiones se contradicen entre sí.

Alberto Abreu: Tengo entendido que hace poco activistas LGBTI y luchadores contra la discriminación racial intentaron la elaboración de un documento en conjunto. ¿Cuáles fueron las dificultades y experiencias obtenidas en este sentido?

Yadiel Cepero: Hasta la fecha no conozco que se haya consensuado algún documento específico para la discriminación racial. El 11 de mayo, meses antes de que la Asamblea Nacional designara la Comisión que redactaría el Proyecto de Constitución de la República, se dio a conocer el documento “Agenda por los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, trans, intersexuales y queer en Cuba”. En la elaboración del mismo participaron activistas LGBTIQ y activistas del movimiento contra la discriminación racial, esencialmente. En todo momento se tuvo presente que la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia, generalmente, acompañan la discriminación por orientación sexual e identidad de género, quedando esta idea recogida en la introducción del documento de 63 demandas.

Iniciado el proceso de reforma constitucional y conocido el contenido del Proyecto de Constitución, se realizaron varios encuentros entre activistas LGBTIQ y activistas del movimiento contra la discriminación racial para consensuar una posición respecto a cómo el Proyecto reflejaba las demandas contenidas en la Agenda LGBTIQ. En las consideraciones generales del documento “Consenso respecto al Proyecto de Constitución de la República”, se planteó la necesidad de que se ampliaran las causales de discriminación que se relacionan en el artículo 40 para dar respuesta a la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de discriminación. Quedó recogida, además, la disposición de quienes participaron en la elaboración del documento para dialogar con otros colectivos y activistas, así como la voluntad de acompañar e impulsar aquellas propuestas o demandas dirigidas a hacer de cuba un mejor país. Un país construido desde la pluralidad, la inclusión y el respeto a las diferencias.

En fechas posteriores se realizaron varios encuentros para discutir el Proyecto de Constitución. Importantes figuras del movimiento contra la discriminación racial y activistas LGBTIQ convergieron en estos espacios y expusieron sus consideraciones. Invitado por Deyni Terry Abreu asistí a uno de los que se realizó en la Unión Nacional de Juristas. Se levantó un acta, cada quien compartió sus valoraciones, pero no estuvo entre los fines elaborar un documento de consenso sobre la cuestión racial.

Declaración de activistas, intelectuales y proyectos antirracistas en solidaridad con las personas LGBTIQ* y en respaldo al artículo 68

Negra cubana tenía que ser

En el actual escenario de debate sobre el Anteproyecto de Constitución de la República de Cuba, hemos estado asistiendo al resurgimiento de discursos fundamentalistas que -proveniente de sectores conservadores de las iglesias evangélicas y de un segmento de la iglesia católica en Cuba-, tienen como centro de sus ataques a las identidades de género y sexuales no heteronormativas, gender fluid o gender non-conforming, así como a la homosexualidad, la lesbiandad y al activismo trans, queer y feminista.

En este sentido, han sido compartidas declaraciones con marcado tono apocalíptico, haciendo uso de argumentos pseudocientíficos, las cuales promueven intencionalmente el miedo y la desinformación. Dichas posiciones fundamentalistas han sido difundidas en las redes sociales y en el espacio público, especialmente en los cultos y ceremonias religiosas de determinadas congregaciones.

Nos oponemos al empleo de estrategias que, en lugar de promover el intercambio de argumentos, utilizan ideas desactualizadas, acuñan terminologías…

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Mis respuestas a Dios se las daré yo en su momento. Conversación con Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas sobre el artículo 68 del actual Proyecto de Reforma Constitucional.

Las posturas de las iglesias católicas y evangélicas frente a los estudios de géneros (que maliciosa y tergiversadamente llaman “ideología”) y el matrimonio igualitario ha capitalizado el debate sobre el artículo 68 de Proyecto de Reforma Constitucional hasta el punto que muchos, injustamente y por desconocimiento, tienden a generalizar estas reacciones atribuyéndose a las iglesias protestantes. Como si evangélicos y protestantes fueran una misma cosa.

Por estas razones, entre otras, realicé esta entrevista a Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas.

 

Las posturas de las iglesias católicas y evangélicas frente a los estudios de géneros (que maliciosa y tergiversadamente llaman “ideología”) y el matrimonio igualitario ha capitalizado el debate sobre el artículo 68 de Proyecto de Reforma Constitucional hasta el punto que muchos, injustamente y por desconocimiento, tienden a generalizar estas reacciones atribuyéndose a las iglesias protestantes. Como si evangélicos y protestantes fueran una misma cosa.

Por estas razones, entre otras, realicé esta entrevista a Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas.

Alberto Abreu Arcia: ¿Qué piensas sobre este proceso de discusiones en torno al Proyecto de Reforma Constitucional?

Rita María García: El ejercicio de discutir, conversar, hablar sobre una nueva constitución para mí es una novedad. Yo tengo cincuenta y un años. En el setenta y seis era una niñita, apenas tenía nueve años. Nací en el sesenta y siete y me ha costado mucho trabajo quedarme callada y con ciertas inquietudes puesto que vi que no solamente a nivel de C.D.R., sino también de instituciones como salud, educación, turismo y otras se discutió o se ha estado discutiendo dentro del colectivo el tema de lo que dice o dirá la nueva constitución cubana. Aún con reclamos y reclamos no se ha querido, por parte de las autoridades, llevar esta discusión sobre el Proyecto de Reforma Constitucional hacia dentro de instituciones cristianas y religiosas.

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En el Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (CCRD) lo hicimos. Tuvimos una discusión seria donde invitamos al profesor Julio Antonio Fernández Estrada, tú lo conoces, y fue una mañana muy fructífera. No solamente fue discutir, sino  desmenuzar, un poquito cada artículo, cada momento estratégico de la misma. Por supuesto que comenzamos desde el principio.

El CCRD pide reconocer no solamente reconocer la constitución desde el 59, el concepto de Revolución de Fidel, sino también pensar que la historia de la nación cubana es más que eso. Y viene desde las luchas por la independencia. ¿Por qué eso se aísla? ¿Por qué no está la lucha insurreccional? O sea Cuba es más que un momento. Cuba es todo. 

También añadiría en el Capítulo I un artículo que reconozca que la sociedad civil cubana está representada por organizaciones sociales, de masas, centros, fundaciones, colegios, iglesias, instituciones culturales, movimientos sociales, federaciones deportivas y sociales, congregaciones e instituciones religiosas, gremios, familias, que sin ser parte del estado se relacionan con este de acuerdo a las normas de orden público imperantes.

Hay artículos que pueden resultar muy candentes o inquietantes para algunos. Para mí no.

Alberto Abreu Arcia: ¿Te refieres al artículo 68?

Rita María García: Sí. Realmente no entiendo por qué hay que discutirlo hasta el punto de dividirnos entre nosotros como cubanos. Yo, no solo como directora del CCRD, sino también como cristiana, como familia, como madre, como esposa, no veo en ese artículo el gran problema que otros, desde su punto de vista, ven. Lo importante es que las personas se amen y se respeten. La opción de vivir juntos no es de ahora. Yo miro a mi familia. Recuerdo tíos que su opción fue no el celibato, sino vivir solos. Y verlos sufrir, y verlos pensar, y verlos estar en solitarios por no poder disfrutar o de alguna manera llevar a cabo su proyecto de vida con otra persona de su mismo sexo y que no fueran de alguna manera discriminados o mal mirados por la familia y por la sociedad. No me veo en esa posición. Tengo amigos y amigas que son casi hijos e hijas y pienso mucho en mí y también como cristiana porque no veo cómo es posible discriminar, cómo es posible humillar. Esconderse detrás de ese dicho y ese lenguaje de nosotros no discriminamos, nosotros no separamos, nosotros ayudamos, nosotros comprendemos y hacerlo de esa manera tan ruda que no le veo sentido. Cada cual tiene el derecho de hacer la familia que desee. Hay familias de una sola persona, de hombre y mujer, de hombre con hombre, de mujer con mujer. Lo que tiene que verse es la profundidad y la dimensión del ser humano más allá de la palabra matrimonio. Hoy por hoy, en Cuba, tú sabes que hay muchas personas heterosexuales que no se casan. Y Cuba reconoce el matrimonio heterosexual aun cuando no es un matrimonio plasmado por la ley ante un papel. Eso lo estamos mirando. Hemos visto cuantos matrimonios siguen juntos. También a matrimonios entre hombres y mujeres en una situación difícil, donde no hay amor, donde sufre la familia entera, donde sufren los hijos, donde sufren los padres, donde sufren los hermanos. Tengo por ahí un escrito que habla sobre el bien que puede hacer una separación a un matrimonio que no está bien.

Pero la opción de los hombres y mujeres de vivir juntos, de casarse, de hacer familia es propia de cada persona. Yo siempre pienso -como cristiana- que mis respuestas a Dios se las daré yo en su momento. Que ningún cristiano, ninguna iglesia, ninguna institución religiosa tiene el derecho ni le asiste a creerse que hay que responder ante ellos. Porque la respuesta ante Dios para los creyentes es personal.

He visto también en muchas iglesias, sobre todo en las más conservadoras, como involucionan los derechos de la mujer y los niños. He visto como volvemos a los tiempos antes de la Revolución donde el machismo fuerte impera tanto dentro como fuera de la Iglesia. Me preocupa mucho ver a esas mujeres que no tienen voz, ver a esos hijos que no tienen voz. Me preocupa mucho que bajo el velo de la familia tradicional solo los hombres, los jefes de familia decidan qué hacer. Y eso no está bien. Me preocupa mucho el porvenir de los hijos. Porque no se es homosexual porque tus padres son homosexuales. Es una opción y creo  que realmente tiene que haber libertad para el ser humano, para que pueda tomar sus propias decisiones. No me veo realmente al frente de ese tipo de campañas. Creo que la iglesia no se ve bien cuando hace ese tipo de cosas. Creo que están utilizando realmente a la Iglesia, al país y a las instituciones para defender algo que nunca habían hecho. Y es por darse la oportunidad de ser reconocidos de alguna manera porque realmente no crean que hayan creyente que sientan así dentro de algunas denominaciones.

Para mí es importante que se reconozca el derecho de cada ciudadano cubano a elegir sobre lo que quiera hacer con su vida, lo que quiera hacer como matrimonio, como familia. No estoy ni siquiera en desacuerdo con la adopción. Creo que esas familias tienen que tener el derecho también a la adopción, y no ni siquiera a la adopción. Hay muchas formas y variables para tener hijos, criar niños. Y que en las leyes futuras, dentro de ellas vendrá el nuevo Código de Familia, tiene que estar bien plasmado y bien respaldados por las instituciones. Si me piden mi opinión, en otro sentido, creo que tenemos que volver realmente a unirnos. No creo que esta lucha por el articulo 68 sea solo la demanda de algunas personas que se ven afectada por este tipo de problemáticas, sino que debe ser un trabajo sostenido de las instituciones cristianas o no, los grupos LGBTI o no. Y no de un día, ni por una Reforma Constitucional, ni por una fecha sino todo el tiempo trabajar por el derechos del ser humano y de los ciudadanos en Cuba.

El artículo 68: evangélicos, católicos, el movimiento LGBTI y las cortinas de humo. Por Alberto Abreu Arcia.

El texto recorre los diferentes posicionamientos tanto de las iglesias evangélicas y católicas como del movimiento LGBTI y del discurso ofical cubano en torno al artículo 68 del Proyecto de Reforma Constitucional. Y lo que subyace detras de estos posicionamientos

Faltan apenas  días para que concluyan las discusiones en torno al Proyecto de Reforma Constitucional. El mismo ha acaparado la atención de expertos, intelectuales, académicos, activistas y de otros sectores de la sociedad cubana. Las redes sociales también han servido de plataforma a estas reflexiones. A mi juicio, su principal ganancia reside en la variedad de escritos que han visto la luz en medio de esta discusión. Estimables, no solo por su cantidad sino también por la variedad de sus miradas, acotaciones, y re-lectura del contenido jurídico de importantes conceptos como ciudadanía, patria, nación, Estado, matrimonio, familia, propiedad, etc. Y que hacen del mismo en uno de los debates más estimulantes de las últimas décadas y un pre-texto para imaginar la nación que queremos.

Un suceso difícil de imaginar si tenemos en cuenta el mutismo e indiferencia que, hasta hace pocos meses, prevaleció entre nosotr@s en torno a la marcha del Proyecto de Reforma Constitucional cuya redacción parecía detenida o postergada por quienes tenían la responsabilidad de llevarla a cabo. ¿Qué se iba a reformar? ¿Cuándo se iba a reformar? y ¿cómo? ¿Cuáles serían los límites no transgredibles de dicha reforma? Solo el silencio como respuesta.

Algunos, alarmados, se referían este proceso como “el más opaco y menos transparente”. Los pocos que se aventuraron a buscar información sobre el destino de un documento que compete a tod@s los cubanos tropezaban con un velo de especulaciones. Lo cual me lleva a conjeturar que los lamentables descuidos estilísticos y falta de prestancia que muchos han constatado en su redacción responden a la premura y al compromiso público por sacar a la luz un documento cuya elaboración estuvo detenida por mucho tiempo.

Semejante indiferencia de la mayoría de la población cubana por el destino de un documento y de un proceso de Reforma Constitucional del cual no se tenía más noticia y que fue anunciado desde el 2013. Cuando a raíz del proceso de fortalecimiento de la institucionalidad desarrollado en el país, y las demás medidas que han sido aprobadas en los últimos años, el Buró Político acordó crear un grupo de trabajo, presidido por Raúl Castro Ruz, con el objetivo de estudiar los posibles cambios a introducir en el orden constitucional y hacer corresponder la Constitución con nuestra realidad. Por un lado, ponía de manifiesto la ausencia de un sentimiento constitucional y de su poca fe en un documento urgido de un balance crítico al cual muchos consideraban una norma jurídica no aplicable en la práctica.

Por otra parte, vivimos momentos donde las expectativas que prevalecen en la sociedad cubana es la de sobrevivencia, “luchar para el diario” y donde una gran mayoría solo piensa en cómo sobrevivir sin importarme el otro. Donde la cotidianidad del país es el desvío de la norma institucional. “¿Cómo construir un Estado de derechos o un sentimiento constitucional en medio del desgate de las organizaciones políticas y sociales inmersas en un socialismo burocratizado y la desidia de ciudadanos acostumbrados a aceptar sin cuestionar y que no saben participar?” -se preguntaba, por entonces. un profesor de Derecho Constitucional.

Fueron estas razones, las que motivaron la realización del taller “Futuro constitucional cubana” que en octubre del año pasado organizó el Centro Cristiano de Reflexión y Dialogo, Cárdenas-Cuba con un grupo de intelectuales, líderes religiosos, académicos en su mayoría profesores de Derecho Constitucional donde se habló de establecer acciones y crear grupos de presión que desde la sociedad civil obligaran a terminaran con el silencio que existía en torno al estado de la anunciada Reforma Constitucional

Julio Fernandez Bulté en la inauguración del Taller futuro constitucional
Julio Antonio Fernández en la sección inaugural del taller “Futuro constitucional cubano”.

A raíz de aquel encuentro publiqué en mi muro de Faceboock un texto donde compartía algunas transcripciones e impresiones de lo allí discutido y la necesidad de llamar la atención sobre algo que nos competía a tod@s  y sobre la cual se cernía la mudez, incertidumbres y especulaciones. La problemática como la nota de Faceboock pasó inadvertida. Sólo recuerdo el comentario entusiasta de Julio César Guanche cuando la compartió.

Hago este recuento porque me parece revelador de algunos posicionamientos que me interesa analizar y que tienen que ver con la emergente sociedad civil cubana, los movimientos ciudadanos y el activismo que realizamos desde espacios no institucionales. En primer lugar, no somos capaces de interpelar al Estado más bien esperamos que sea el Estado quien nos interpele. En segundo término, la poca esperanza en la posibilidad de un cambio que invade a la sociedad cubana en general y que al parecer ha contaminado a muchos sujetos y actores vinculados al activismo social. “Para qué si de todas formas, diga lo que se diga, nada va a cambiar”.

Curiosamente las reacciones a favor o en contra del artículo 68 parece ser el punto hacia el cual confluyen estas actitudes. Para algunos colegas, vinculados tanto al activismo antirracista como LGBTI con quienes he conversado, las discusiones sobre dicho artículo: “son una cortina de humo elaborada como una estrategia de los medios oficiales para inviabilizar otros aspectos cuya discusión resultan cardinales”. Para otros, “no es más que una artimaña de la Iglesia Católica y del Estado para encubrir sus negociaciones y la voluntad de de la primera por expandirse en el espacio de la enseñanza, los medios de difusión,  etc.”

Como si las innumerables declaraciones, documentos, entrevistas, acciones públicas, emplazamientos que van de la descalificación en todos los sentidos a la ofensa fueran tan solo una reacción coyuntural y no formaran parte del resurgimiento en la escena nacional de un pensamiento y una subjetividad patriarcal y fundamentalista, que se están revelando con más claridad compulsada por esta coyuntura legislativa. Como sugiere Víctor Fowler en un texto publicado hace unos días en Faceboock. Lo significativo de esta contienda es que ha generado dinámicas sociales hasta el momento inéditas dentro del espacio público y la emergente sociedad civil cubana.

Por lo que sería oportuno analizar este fenómeno como una lucha por el poder simbólico. Donde lo que está en disputa, como diría un sociólogo tan aguzado como Foucoult, es el monopolio por el poder de hacer ver y hacer creer, hacer conocer y hacer reconocer.

Propongo adentrarnos por el escenario de esta contienda.

En una entrevista coral realizada por Lirians Gordillo para la página digital Asamblea Feminista. Debates feministas desde la Cuba de hoy  a propósito de la Declaración Oficial[1] emitida por cinco iglesias evangélicas donde se refieren a la “ideología de género” con un hecho ajeno a nuestra tradición y a los valores revolucionarios Ailynn Torres Santana anota: “lo que es obvio es que gozan de jerarquía y oficialidad para cosechar su palabra. Esta oficialidad y jerarquía es lo que les hace pensar que pueden tener influencia en el pueblo cubano y las personas foráneas que apoyan el movimiento LGBTIQA”. Y más adelante alerta: “Que esas raíces florezcan, es lo que no podemos permitir. Es necesario estar alertas a la manipulación y el caos que crean en las personas, porque esa es su estrategia sembrar la duda porque lo absurdo es obvio”

El comunicado al que alude está fechado el 28 de junio y fue firmado por cuatro reverendos y un obispo líderes de Liga Evangélica de Cuba, Convención Bautista Occidental y Oriental, la Iglesia Metodista en Cuba y la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios, aunque en la copia del documento que poseo el espacio reservado para la firma de ésta última aparece en blanco. El texto contiene solo tres puntos enunciados de manera enfática y sucinta. El primero patentiza que “la familia es una institución divina creada por Dios, el matrimonio es exclusivamente la unión de un hombre y una mujer”. El punto dos afirma que “la ideología de género no tiene relación alguna con nuestra cultura, nuestras luchas de independencia, ni con los líderes históricos de la revolución. De igual manera tampoco guarda ningún vínculo con los países comunistas […]”

Posteriormente, el 21 de septiembre fue emitida otra declaración la cual ha sido suscrita por aproximadamente veinticinco iglesias evangélicas la cual contiene cinco puntos e introduce algunas inflexiones a la fechada el 28 de junio. Por ejemplo, aclara que la estructura binaria de la sexualidad humana “ha sido grabada en el ADN de nuestra especie desde su aparición”. En los puntos 3 y 4 advierten que “no somos homofóbicos porque los cristianos no tememos, no rechazamos, ni somos intolerantes de las personas homosexuales” más bien oramos por ellos para que sean regenerados y transformados por medio de la fe una vez que hayan alcanzado el arrepentimiento.

Las dos fuerzas contendientes en estos debates (las iglesias y la población LGBTI) han compartido la misma historia de estigmatización y exclusión social y política. Recuérdese que en la UMAP estuvieron juntos homosexuales y religiosos. Pero al mismo tiempo divergen en el contexto de esta Reforma Constitucional pues una está asociada a un pensamiento conservador, fundamentalista y la otra representa el pensamiento humanista, emancipador de una Revolución urgida hoy más que nunca de cambios significativos en todos los órdenes de la vida económica, social y política del país. Lo cual puede leerse como una metáfora o metonimia de las dos tendencias en conflicto en las altas esferas del Estado y el poder político

Si bien el despegue del reconocimiento oficial tanto a las Iglesias como de la ideología de género y las identidades sexuales disidentes data la década de los noventa. En la actualidad se trata de fuerzas con un empoderamiento desigual. Si por un lado, las iglesias para su ejercicio cuentan, no solo de un espacio de diálogo y relativa legitimidad con las estructuras gubernamentales, sino también mayor capacidad tanto organizativa como de movilización, así como el apoyo económico redes y prestigiosas fundaciones internacionales afines. Por el otro lado, hallamos a un  activismo LGBTI (no institucional) con un pensamiento, un discurso y un accionar en la esfera pública fragmentado, centrado fundamentalmente en la capital del país e incapaz de lograr una articulación y una plataforma común y consensuada con otras organizaciones, instituciones y proyecto-grupo con agendas afines. Además, carente de recursos económicos para llevar adelante no solo su trabajo, sino también cualquier campaña no gubernamental, y sin reconocimiento oficial y sometido siempre a suspicacias políticas.

Zaida Capote  observa un desamparo similar en el discurso académico vinculado a estos temas de identidad de género, cuando a propósito de esta Declaración y sus ataques a la ideología de género comenta para la revista digital Asamblea Feminista. Debates feministas desde la Cuba de hoy.

Si el debate sobre estos temas estuviera permanentemente reflejado en nuestros medios, si se promoviera la libertad en todos los ámbitos de la vida, si las instituciones y organizaciones políticas y de masas asumieran las voces divergentes y establecieran estrategias de trabajo comunes, seríamos más fuertes hoy para enfrentar una declaración que busca ubicarse a medio camino entre Dios y el Partido.”

No nos llamemos a engaño. Muchos de los argumentos esgrimidos en esta cruzada contra el artículo 68 por las iglesias católica y evangélicas -desde su voluntad por legitimar en el imaginario nacional sus percepciones patriarcales e higienista de domesticación y disciplinamiento del cuerpo y el deseo otro- trascienden los temas de Dios, el matrimonio y la familia para tocar de muy cerca aspectos relacionados con el ser y devenir de nuestra cultura, el deber ser del alma de la nación, y muy en particular a aquellos movimientos sociales (LGBTI, feminista, afrofeminista, etc.) que proponen una agenda reivindicativa de todos esos cuerpos y subjetividades marginados y centro de tantas opresiones.

Según grafican tantos los medios de prensa internacionales como Faceboock y otras redes sociales son hasta el momento veintiuna evangélicas las que rechazan el artículo 68 del Proyecto de Reforma Constitucional. Sus feligreses han colgado poster y pegatinas en la vía pública, ha creado recuadros para que los fieles distingan sus fotos de perfil en redes sociales, ha repartido volantes y biblias en las calles. También han pedido  autorización para convocar una marcha de protesta por una concurrida calle de la capital  bajo el slogan Por el “diseño original” de la familia “como Dios la creó”. El pastor Lester Fernández, en medio de la ovación de unos 500 fieles congregados en una iglesia metodista de La Habana, exclamó: “No apoyamos bajo ningún concepto el artículo 68. ¿Saben por qué? (…) Porque la Biblia lo condena”.Faminia con niño

Según relata Alfredo Prieto en un artículo escrito para la revista oncubamagazine[2] los feligreses de una iglesia vedadense se retrataron a la salida junto a menores de edad sosteniendo un cartel donde se leía: “ESTOY A FAVOR DEL DISEÑO ORIGINAL”. Ignacio Estrada, vicario de una iglesia luterana de Miami, comentó entonces lo siguiente: “No podemos permitir que los adultos manipulen a nuestros niños en campañas de odio. No podemos permitir que ningún grupo ni sector, sea cual sea, manipule de esta forma a ninguno de estos niños y niñas. Digamos no ahora”.

Como parte de esta cruzada no gubernamental contra el artículo 68, que alcanza hasta el llamado paquete semanal, estas veintiuna iglesias evangélicas están recolectando firmas en contra del artículo de marras. Alida León Báez, Presidenta de la Liga Evangélica de Cuba calcula que más de medio millón de cubanos los que firmen la petición de las iglesias en contra del matrimonio igualitario.

León Báez, otro líder de las iglesias evangélicas cubanas ha sido más contundente: “Si no se modifica el tema del matrimonio en el proyecto de Constitución todo votaremos en contra”. No creo que se trate tan solo de una amenaza. Y en un tono apocalíptico alertó: “Si se aprueba, nuestra nación va a la destrucción total”.

Estas reacciones de las iglesias evangélicas han focalizado las redes sociales hasta el punto de invisibilizar la postura de las iglesias protestantes o de introducir a todas en un mismo saco. Por esta razón conversé al respecto con Rita María García directora ejecutiva del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, Cárdenas-Cuba y Presbítero Gobernante de la Primera Iglesia Presbiteriana de Cárdenas. Aclaró que: “No se ha querido por parte de las autoridades llevar esta discusión sobre el Proyecto de Reforma Constitucional hacia dentro de instituciones cristianas y religiosas”. Y sobre estas reacciones de las iglesias católicas y evangélicas ante el artículo 68, comentó: “[…] creo que la opción de los hombres y mujeres de vivir juntos, de casarse, de hacer familia es propia de cada persona. Yo siempre pienso, como cristiana, que mis respuestas a Dios se las daré yo en su momento. Que ningún cristiano, ninguna iglesia, ninguna institución religiosa tiene el derecho ni le asiste a creerse que hay que responder ante ellos. Porque la respuesta ante Dios para los creyentes es personal”.

En medio de este escenario el presidente Miguel Díaz Canel parece desplazarse con cautela. En una entrevista sobre el Proyecto de Reforma Constitucional que le realizó Patricia Villegas para Telesur, al seguir interrogado sobre la reacción de los sectores conservadores en Cuba, particularmente de la(s) Iglesia(s) ante el reconocimiento con derechos civiles a matrimonios o uniones de personas del mismo sexo, Díaz Canel respondió que el mismo era coherente con la voluntad emancipadora y humanista del pensamiento de la Revolución. Pero estableció esta diferenciación: Uno tiene sus ideas, uno tiene sus convicciones, pero también uno está abierto a lo que aporte ese diálogo popular”.

Por su parte, Homero Acosta Álvarez, Secretario del Consejo de Estado, durante su conferencia en la inauguración del Congreso Internacional Abogacía 2018 fue más enfático: En nuestra opinión, el Derecho no puede permanecer esclavo perpetuo de rezagos sociales, aún cuando en un momento pueda entrar en colisión con parte del espectro social. En su misión transformadora le corresponde también impulsar el desarrollo. No es la primera vez que se está ante estos desafíos. Recordemos en la historia los conflictos para reconocer el derecho al voto de las mujeres, o la instauración del divorcio o, en nuestro caso, incorporar la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer y la responsabilidad igualitaria de los cónyuges, conforme a nuestro Código de Familia”.

Sin embargo, en esta contienda el activismo LGBTI, desde su fragilidad, ha confiado más en la voluntad del Estado como vocero de sus aspiraciones y demandas emancipatorias que en su propia capacidad movilizatoria y de negociación. Lo cual resulta doblemente peligroso. De aprobarse el artículo 68, ¿sería una ganancia del Estado?, ¿de las incansables luchas movimiento LGBTI como parte de la sociedad civil? o ¿de ambas instancias? Quiérase o no, el hecho de dejar al Estado, en esta contienda, como vocero de sus reivindicaciones puede marcar en el futuro un punto de giro o inflexiones en la intensidad del discurso enunciado desde el activismo LGBTI que se mueve en espacios no institucionales.

Desfile de Jornada contra la Homofobia celebrada en Matanzas.JPG
Desfile de la Jornada contra la homofobia y la transfobia celebrado en Matanza

No hay que perder de vista que el diseño elaborado para canalizar estas inquietudes en torno al Proyecto de Reforma Constitucional. No es a través de una Constituyente, sino de una comisión designada al efecto. Lo cual propicias formas más inclusivas y democráticas para incorporar y articular las propuestas y miradas diversas provenientes de los diferentes actores de la sociedad cubana de hoy. Las iglesias que cubanas que  suscriben estos documentos están conscientes de este hecho y lo están explotando en todas sus posibilidades.

La Iglesia Católica de Cuba también se ha sumado a esta cruzada. “Mi modesta opinión”, firmado por el Mons. Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey es un escrito de un auténtico espíritu humanista y comprometido con los marginados. Considero que todo Estado, nuestro Estado, debe garantizar y hacer respetar los derechos de todos sus ciudadanos. Y que la Constitución debe ir en esa línea, como ley fundamental que es. Deben tener los mismos derechos blancos y negros, mujeres y hombres, sanos y enfermos, de una religión o de otra, recién nacidos y ancianos, de una provincia o de otra, cultos e incultos, heterosexuales y homosexuales, etc.”.

En el mismo su autor propone llamar “parejas de hecho“, en vez de “matrimonio” a las uniones entre dos personas del mismo sexo. Sin embargo, el texto oficialmente publicado en la página web oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba desató la ira de un grupo de sacerdotes quienes a manera de réplica elaboraron otro documento titulado “La agenda LGBTI de Wilfredo Pino Estévez Obispo de Camagüey- Cuba” cuyo aliento recuerda los tiempos de la Inquisición y la cacería de brujas.

En su primer párrafo afirman: “La traición a Cristo ha sido consumada, de manos de un prelado del Oriente del país”. Los firmantes lamentan: “Horrible la deriva de estos tiempos para la fe y la auténtica caridad. El diablo retoza, con la opinión…. No sabemos, si llamarle en lo adelante, del compañero/ ciudadano cubano Wilfredo Pino o del Sr. Arzobispo de Camagüey”. Agradecen que días atrás los Obispos de Matanzas, Santiago y Cienfuegos “se han expresado de forma contraria”.

Lo significativo de este texto es que la manera en que su discurso trasluce determinadas intríngulis relacionadas con una lucha de poderes dentro del clero cubano. Obsérvese este enunciado donde invocan a la Virgen: “Contemplamos -no sin una enorme tristeza y dolor- el cumplimiento de lo anunciado por la Sma. Virgen en sus apariciones: ‘Cardenales contra Cardenales, obispos contra obispos, Sacerdotes contra Sacerdotes’.” Se cuestionan: “¿Por qué razón Mons. Wilfredo Pino está abogando por dar derecho de ciudadanía  al pecado? No a la corrección del pecado sino a su aceptación, como si de un bien se tratara, su aprobación en la sociedad”. Le preguntan: “¿No aprendió de niño este obispo en su catecismo que la práctica homosexual es pecado grave, y uno de los cuatro pecados que clama la ira y venganza divina?”

El documento – intolerante, manipulador y chancletero- termina con estas exigencias bien reveladoras: 1) que el Nuncio de Su Santidad corrija y refrene a Mons. Wilfredo Pino; 2) a la Conferencia Episcopal que desautoricen a Mons. Wilfredo Pino y su artículo sea retirado de inmediato de la página web de la conferencia episcopal; 3) que los obispos cubanos se pronuncien clara y abiertamente sobre el tema, condenando la postura del Mons; y 4) al propio Mons. Pino, que pida humildemente perdón o bien dimita del gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Camagüey.

Por otra lado, haciendo gala de un pensamiento patriarcal que intenta restaurar un sujeto homogéneo y excluyente el Arzobispo de Santiago de Cuba, monseñor Dionisio García en una declaración también publicada  en el sitio web oficial de la Iglesia Católica cubana calificó el artículo 68 de un fenómeno “ajeno nuestra cultura”, “imperialismo cultural”. Veamos su definición de tanto de imperialismo como de colonialismo cultural cuyos contenidos resultan semánticamente intercambiables y que explicita cuando culpa a la globalización de tratar “de influir para crear una cultura uniforme que acepte y adopte sus criterios descalificando a los de los otros”. Es decir, la diferencia solo vale cuando afecta a la doctrina de la Iglesia. Así, tautológicamente nos propone un imperialismo cultural mucho más asfixiante y opresivo que el que denuncia.

Hay un hecho que me llama poderosamente la atención y es el modo en que el discurso busca apropiarse de términos como globalización, colonialismo, imperialismo tan caros al discurso político oficial. Y lo hace desde  una especie de galanteo ideológico. Esta estrategia de apropiación y resemantización del discurso ideológico de la Revolución para luego socavarlo también ha sido empleada en esta contienda por las iglesias evangélicas cuando en sus documentos se refieren a “nuestra cultura”, “nuestras luchas de independencia”, “los líderes históricos de la Revolución”, “el pensamiento de los padres fundadores de nuestra patria”, etc. Me contó un amigo que en Santiago de Cuba, las paradas de ómnibus y otros lugares públicos se llenaron de carteles con frases de Fidel Castro y José Martí para sustentar la campaña.

Ailynn Torres Santana en esta entrevista coral “Luces para un desembarco: ¿fundamentalismo religioso en Cuba?” realizada por Lirians Gordillo para la página digital Asamblea Feminista. Debates feministas desde la Cuba de hoy  desmonta este tipo de estrategia tan recurrente en las iglesias latinoamericanas. Cita el ejemplo de Ecuador en el 2017, y los encendidos debates en torno a la implementación de una ley contra la violencia de género. Justo entonces emitieron una Carta abierta de las Comunidades Católicas y Evangélicas del Ecuador dirigida a las autoridades y ciudadanía en general para desviar la atención de las polémicas hacia un discurso chovinista y conciliador que invocaba  a “la sabiduría de todas las culturas”, “las luchas sociales de liberación” frente a todas “las formas de colonialismo ideológico”, y llamaba a “la convivencia ciudadana en diversidad y en armonía con la naturaleza” Estar en contra de la referida carta era estar contra estos sentimientos. El documento hablaba a la sociedad desde la misma retórica ideológica del poder político ecuatoriano para erosionarlo.

En fin, lo que subyace y me aterra detrás de estas declaraciones la Iglesia Católica cubana es que sigue hablando desde un imaginario y un pensamiento patriarcal, blanquista y excluyente.

Veamos cuando el monseñor Dionisio García señala que estas “ideas [el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción, etc.] tan ajenas a nuestra cultura”, se originan en “países en los que existen grupos poderosos con gran capacidad económica y de influencias”. (Que bien conoce nuestras carencias). Es decir, donde existe una comunidad LBGTI empoderada con capacidad para negociar y disputar normas; colocar sus demandas en las grandes agendas nacionales y sus espacios políticos. Algo que en Cuba  no ha pasado ni pasará porque la mariconería, el lesbianismo, la ideología de género son ajenas a lo que él define como “nuestra cultura”.

Por otra parte, este enunciado también es una réplica intertextual al escrito “Mi modesta opinión”, del Mons. Wilfredo Pino Estévez, Arzobispo de Camagüey en el párrafo donde  señala: “Incluso leí que en toda la Unión Europea se reconocen una serie de derechos aun en caso de que la pareja no se haya registrado ante ninguna administración. Claro está, en los países mencionados, a estas uniones no se les llama “matrimonio” sino “parejas de hecho”, que no es lo mismo […]”

Concuerdo con Ailynn Torres Santana cuando advierte: “No debemos subestimar esa agenda [se refiere al artículo 68] ni creer que la alusión a la misma y su eventual centralidad busca desvirtuar los asuntos ‘verdaderamente importantes’. Más sustantivo sería analizar el escenario integralmente. Una parte corresponde a las intensas, legítimas y necesarias luchas por ampliar e institucionalizar derechos relacionados con el reconocimiento de las diversidades sexuales y de género. Otra parte tiene que ver con la conformación de actores sociopolíticos que empiezan a aparecer, en otros códigos, en la esfera pública del país. ¿Cómo reaccionarán otros sectores de la sociedad civil y la sociedad política? Lo que está sucediendo respecto al matrimonio igualitario puede ser un mirador privilegiado de las reorganizaciones políticas cubanas”.

Lo cierto es que esta confrontación -como me decía un el poeta en Nelson Simón en Faceboock- viene a demostrar la incapacidad del movimiento LGBTI para generar un pensamiento desde nosotr@s. Un pensamiento capaz de hacer, hablar y teorizar desde sus propios márgenes hacia el centro.

Estas discusiones en torno a la Reforma Constitucional y la focalización de determinados artículos como la ley 68 sean una cortina de humo o no, están midiendo nuestra mayoría de edad como movimiento ciudadano. Nuestra capacidad para accionar no sólo en la esfera pública, sino para discurrir desde miradas transversales, articular alianzas y una plataforma común y consensuada con otros miembros de la sociedad civil cubana con una agenda similar de lucha contra la desigualdad social por razones de clase, género, identidad sexual y raza. Y en este sentido hemos demostrado todavía continuamos en una guardería como párvulos y lactantes.

Apruébese o no la ley 68, estos gestos de emplazamientos de las iglesias católica y evangélica es un ejercicio de fuerza que está enviando mensaje muy claro a la sociedad civil cubana para el futuro: “Ustedes: negros, mariquitas, lesbianas, activistas de un día, femeninitas que se dicen de vanguardia. No se tiren con nosotros porque si se tiran quedan”.

[1] Disponible en http://www.facebook.com/Convención-Bautista-de-Cuba-Occidental-598988333451329/

 

 

[2] Disponible en https://oncubamagazine.com/sociedad/alrededores-del-articulo-68/

 

¿Literatura Afrocubana? Por Alberto Abreu Arcia

¿Existe una literatura afrocubana? De existir, ¿qué rasgos gramatológicos (Derrida) o textuales podrían definirla? ¿Basta sólo el color de la piel o abordar temas relacionados con la problemática racial, la historia colectiva o personal de negros y negras, mulatos y mulatas para ser considerado un autor afrocubano/a?

Cualquiera de las respuestas que ensayemos a estas tres interrogantes nos remiten a la ausencia de un canon y un corpus de obras representativas de la literatura escrita por negros y negras, mulatos y mulatas en Cuba. Un canon con el cual dialogar, impugnar o deconstruir. Y lo que es aún más importante: la ausencia de una Historia de la Literatura Afrocubana que, en términos de proceso, describa sus momentos fundacionales, establezca periodizaciones, nos informe sobre sus regularidades y mutaciones, así como sus tensiones y negociaciones con el canon hegemónico.

Precisa recordar que a raíz del proceso de homogenización de la norma estética y la búsqueda de un canon de literatura revolucionaria que vivió el campo literario cubano desde la segunda mitad de la década del sesenta del pasado siglo. La teoría y crítica literaria cubana -influenciada por los paradigmas del realismo socialista- suprimió toda diferencia identitaria y privilegió el nacimiento de un nuevo sujeto literario (blanco, varón, marxista y heterosexual). Al tiempo que excomulgó de ese proceso de canonización y del corpus de obras emblemáticas del mismo a una muestra importante de la literatura producida por escritores negr@s y mulat@s que expresaban en sus textos un grupo de interrogantes y preocupaciones relativas a su identidad racial (el grupo literario El Puente y Adire y el tiempo roto de Manuel Granados, etc). Todavía más: las tildó de ideológicamente reaccionarias y no representativas de un país revolucionario que ya había “solucionado” la cuestión de la discriminación por el color de la piel.

Voy a detenerme en un ejemplo que nos informa cómo la historiografía hegemónica blanca y sus principales ideólogos han visto al literato negro y su voluntad de imaginar la nación cubana desde la literatura. Se trata de la antología Flor oculta de poesía cubana (Siglos XVIII y XIX) con prólogo, selección y presentación de Cintio Vitier y Fina García Marruz. La cual incluye textos de Antonio Medina Céspedes (La Habana, 1829),  Néstor Cepeda, Juan Antonio Frías (Puerto Príncipe, 1835), Mácsimo Hero de Neiba [Ambrosio Echemendía] (Trinidad, 1843), Manuel Roblejo, Narciso Blanco [José del Carmen Díaz] (Güines, 1835). Todos ellos aparecen como poetas menores (subalternos) dentro de ese canon blanquista legitimado por la historiografía literaria cubana.

Lo curioso es que si exceptuamos al primero de ellos (Medina) quien nació libre, el resto de estos autores eran esclavos. Todos, de una manera u otra, dan continuidad al complejo proceso iniciado por Plácido y Manzano en la primera mitad del siglo XIX de imaginar la nación cubana desde un cuerpo y un lugar de enunciación marginal y racialmente diferenciado. Sus textualidades ponen de manifiesto esa relación tensa que el sujeto esclavo y/o afrocubano sostiene con el poder y la palabra.

Si a estos datos sumamos otros, por demás imprescindibles, como la formación autodidacta de este grupo de poetas, sus cosmovisiones del mundo y sistemas comunicativos provenientes de la oralidad, el terror físico y psicológico que se deriva de su condición de esclavos, la carencia de un status legal, las restricciones sociales que le impiden acceder a la enseñanza, etc. entenderemos, por un lado, las limitaciones de los mismos para ser aceptados por el canon letrado blanco, y, por otro, los motivos que explican la escasa atención que los estudios literarios cubanos, en sus visitaciones a este período, le han prestado a estos textos y autores.

Doris Sommer en su libro Abrazos y rechazos. Cómo leer en clave menor, a propósito de Juan Francisco Manzano y su autobiografía aporta este dato revelador: “[…] gracias a Sonia Labrador Rodríguez  sabemos que antes de la abolición se publicaron otros  [relatos de vida de esclavos] que hoy siguen ocultos, o han sido descartados, como si la tradición de una clase intelectual negra amenazara o avergonzara todavía la cultura nacional cubana”.

No hay que asombrarse entonces del escozor que todavía produce el término afrocubano en los medios oficiales y dentro de los circuitos legitimadores del arte y la literatura producidos en Cuba. Todavía, hoy, para negro/as hablar por y desde nuestro cuerpo racializado resulta un acto ontológicamente traumático e intelectualmente complejo dentro de los recintos aristocráticos de la ciudad letrada cubana. Mi libro de ensayo Por una Cuba negra. Literatura, Raza y Modernidad en el XIX tras angustiosos intentos finalmente tuve que publicarlo fuera de la Isla.

Voy a citar otro ejemplo de esas huellas de “corrección” y disciplinamiento de los escritores negro/as dentro de la ciudad letrada cubana y sus códigos blanquistas. Hace  apenas dos años leí una reseña de una escritora negra sobre un libro de poemas de Georgina Herrera. Me llamó la atención que el texto crítico no hiciera referencia al tópico de la identidad racial eje sobre el que se articula el discurso y la poética de Herrera. Desde luego que el silencio deliberado también se lee. En este caso el mutismo, las tensiones textuales entre lo dicho y lo desplazado ponía en evidencia un origen racial y una espiritualidad que el hablante (la reseñista) continuamente obliteraba y reprimía.

Si bien es innegable que la crítica y la historiografía literaria cubana desde finales del siglo pasado se ha ensanchado a nuevas áreas o campos de estudios los cuales eran territorios inéditos o vedados para ella como la obra producida por los escritores cubanos del exilio, por la de las mujeres, por la obra de autores gay y lesbiana. Sin embargo, el estudio de la literatura producida por autores afrocubanos no ha pasado de dos o tres ensayos que se mueven fundamentalmente en el campo de la cartografía o el mapeo de esta producción. En la mayoría de los casos tales análisis, en términos de historicidad,  leen este proceso como una derivación o un fenómeno que intenta insertarse en ese canon blanquista y intenta dialogar con él desde la exclusión. No como una historia otra o como contradiscurso del mismo. Como el relato de todo aquello que fue suprimido o blanqueado por ese canon blanquista y sus preceptos higienistas. Justo lo que nunca le perdonaron a Plácido ni a Manzano. Hablo de la oralidad, del  cuerpo negro como lienzo de nuestras representaciones.

Esta indiferencia o silencio que exhiben nuestros estudios literarios ante tales problemáticas solo logra poner en evidencia el desconcierto de los mismos ante la manera en que estas textualidades interpelan, lo descolocan y cuestionan los principios teóricos a partir de los cuales se ha venido organizando y delimitando el campo literario cubano. Dichos principios postulan una unidad que obliga a estudiar objetos y sistemas unitarios y homogéneos. Mientras tildan de desecho o subproducto a todas aquellas producciones literarias que no se avengan a estas normativas.

 

The Mouse, the Mic and the Power of the Pen: Alberto Abreu and Cuba Negra Por: Emmanuel Harris II, Ph.D. U of North Carolina Wilmington “Citizenship and National Politics: Race in the 21st Century” AUGUST 7-11, 2018 http://www.alarascholars.org/

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Emmanuel Harris II

In June of 2017 Alberto Abreu Arcia (1961) gave a brief yet insightful talk at Claremont Graduate University in California in which he succinctly and directly addressed the motivation behind the creation of his most recent book, Por una Cuba negra. He states as translated by David Luis Brown, “For a Black Cuba.  Literature, Race and Modernity in the Nineteenth Century arose in these [historical] circumstances, but above all from my mistrust towards the texts, documents and the whole genealogy of distinguished patricians venerated by official Cuban historiography and held up as the founding fathers of the Cuban nation and nationalism” (Clairmont, translated by David Luis Brown). He continues referencing Hugo Achugar’s assertion “that to return to those nineteenth-century texts that articulated the search for American national identity is not to rummage through the garbage dump of history, but instead resembles the work of the prophet, who works with the light of the present in attempting to illuminate and clarify unfinished projects of the past”(Clairmont). Yet the insight he provides in Por una Cuba negra is merely his latest incarnation of a lifework dedicated to filling the historical and literary gaps and silences relating to people of African descent in Cuba, all while still residing in the island nation.

 

Like the title of his second book of scholarly essays, El Puente, his writing bridges audiences and inevitably varies in content, genres and subject matter. Born in Cardenas, Matanzas, Cuba where has lived nearly all is life. He is the author of several books and important studies on contemporary Cuban culture including Virgilio Piñera: un hombre una isla; Los juegos de la escritura o la (re) escritura de la historia, which received the Dador Award from the Cuban Book Institute and the Casa de Américas Prize for Essay in 2007; and the aforementioned 2014 book publication of La cuentística de El Puente y los silencios del canon narrative cubano. La cuentística de El Puente explores Ediciones Puente, one of the first independent literary projects in post-revolutionary Cuba. Abreu’s historiographic and critical essays examines a little-studied press dedicated to providing a forum to publish young or unknown authors, many of whom were black, gay or originating from humble social origins. His most recent publication Por una Cuba negra: Literatura, raza y modernidad en el siglo XIX futher cements his stature as a Cuban intellectual and scholarly luminary of African descent.17916928_10154981892206480_1386354343_o

Abreu celebrates his African heritage and explores topics such as race, identity, LGBT issues and popular culture. He writes from Cuba, about Cuba, for Cubans in addition to those interested in her social, political and racial realities. Abreu argues that the debate over racial problems in Cuba is too often limited to internet sites to which the majority of the Cuban population lacks access, or to academic spheres, which is a space completely shaped by official politics that establish a borderline between what is permitted and what is not, between which approaches and themes are politically correct to address and which are not (Clairmont). His position regarding writing and activism incorporates the scholarly as well as the struggles of the populous and manages to transcend these areas in forums and publications that speak truths and give voice to the silenced and or marginalized.He has given presentations throughout the United States and Latin America and his most recent travels to the US completed in 2017 included the previously referenced lecture at Claremont University as well as one at U of Massachusetts and an invited talk at Harvard where he discussed his blog.

His blog Afromodernidades merits significant attention for a number of reasons. However, first it is important to understand the context of blogging in Cuba. The situation in Cuba, contrary to popular belief, is rather peculiar. According to Anna Cristina Pertierra in her article, which appeared in Bulitin del mundo, the information sharing that occurs in Cuba, is quite ample.

It is certainly true that all telecommunications and media infrastructure in Cuba is           state controlled and that access to such technologies and media is determined by political rather than commercial considerations. Further more, much state-produced Cuban media is dedicated to news and current affairs and closely  connected to the viewpoints and objectives of the socialist government. Conse quently, media such as newspapers, television and radio broadcasts, and more recent media and communication technologies such as mobile phones and the internet have been central and visible platforms upon which the cold war politics of the United States and Cuba have been staged in recent years.

The high cost of the internet connections prohibits the overwhelming majority of the population to have access. Additionally, the increased availability and implementation of cellular phones further facilitates surfing the web to a certain extent. Nevertheless, Cubans tend to have more readily access to email.  Herein the blog fits well and becomes a means if not to connect with the masses, it provides a mechanism to connect to the Cuban diaspora and its sympathizers.17916127_10154980424401480_1295098325_o

Afromodernidades includes what could be called his vision statement in which his postings counter the dominant discourse in Cuba which is white, male, heterosexual and pedantic. He states “Afromodernidades aspires to be a bridge that permits the introduction and reflection to a subaltern modernity. It is about those that from this vantage point raise their voices attempting to place their claims in the political sphere of debates that are not only Afro-Cuban but also Afro-Caribbean and Afro-Latin American. We reclaim appeals and inquisitions that speak of cimarronajes, utopias, cultural and historic reclamations.” (my translation). Indexed into eight categories, which include cultural criticism, interviews, the (re)writing of history, Afro-cultural debates and reviews, the majority of the entries falls under the “uncategorized” group and, as one would imagine, addresses a wide range of topics such as feminism, black theology, the Cuban artistic scene and Afro-Cuban dignitaries.

Recently however one finds on the title page of the blog that Abreu has, as he states, “Por este medio les informo que por diversas razones he decidido cerrar AFROMODERNIDADES y abrir un nuevo blog titulado AFROMODERNIDAD.Al cual pueden acceder a través de https://afromoderno.wordpress.com” (https://afromodernidades.wordpress.com/). On the new blog we find the following discription of the page:

Afromodernidad así se titula este nuevo blog del intelectual afrocubano Alberto Abreu Arcia donde, al igual que su hermano mayor Afromodernidades, hablaremos raza, racismo, identidades sexuales disidentes, activismo, afrofeminismo, del poder de la teoría y las teorías del poder y por supuesto sobre las idas y vueltas del Movimiento Afrocubano. Siempre desde una perspectiva transversal y transdisciplinaria. (https://afromoderno.wordpress.com/)

Abreu Arcia further explains his objectives with an introductory statement:

Tras ocho años de existencia en la blogosfera, y por motivos ajenos a mi voluntad, me es imposible continuar administrando Afromodernidades con los nuevos requerimientos visuales y tecnológicos que demandan estos tiempos, y en su lugar nace Afromodernidad. El cual no responde a ninguna agenda institucional, política, académica o proyecto-grupo específico. El único compromiso o militancia que reconocemos es con nuestros iguales: esos sujetos y actores sociales que desde un espacio de exclusión y subalternidad intentan colocar sus reclamos de visibilidad, emancipación y justicia social. Aquí som@s, hablamos y pensamos desde nosotr@s sin el rol mediador o ventrículo del letrado blanco que históricamente ha usurpado nuestro derecho hablar. No som@s ratas de laboratorios dispuestas a satisfacer la curiosidad insaciable y manipuladora del mercado académico occidental. Todo lo contrario: producimos un saber: hereje, cimarrón, antisistémico y som@sdueñ@s una tradición teórica silenciada y pisoteada que continuamente interpela y deconstruye la manera en que ese saber hegemónico nos piensa, clasifica y proscribe. En este sentido Afromdernidad se propone buscar nuevas alternativas teóricas que permitan pensar la cultura, la historia, la raza, la sexualidad desde una voluntad inclusiva, democratizadora y desde las deconstrucciones del orden simbólico dominante: blanco, varón, heterosexual y letrado. Lucharemos porque Afromodernidad al igual que Afromodernidades, sea un blog para reflexionar y debatir los imaginarios y prácticas de la negritud desde su naturaleza vernácula, subversiva y desmanteladora de las narrativas maestras de la modernidad occidental. Hecha estas aclaraciones, echemos a navegar. Que nos impulse el viento de la blogosfera. Alberto Abreu Good company in a journey makes the way seem shorter. — Izaak Walton

While it begs to wonder what if any other “motives ajenos” out of his control would require the cessation of his original blog, I am encouraged to see that both spaces are still intact and accessible. In fact, the first article on the new site, written by author is titled, “El racism antinegro en los studios literarios cubanos”. Abreu by no means has lost his voice.

If we consider the book on which the immensely popular (1991) movie Strawberry and Chocolate is based, Senel Paz’s El lobo, el bosque y el hombre nuevo, we can imagine the metaphorical coding to describe Abreu’s tireless efforts. For eight years running he has nearly single handedly maintained a blog in spite of the financial, systemic and structural limitations that Cuba presents. His public lectures, panels presentations and seminars throughout the island have included some of the most noteworthy Cuban scholars, writers and activists, including Marys Conde, Inés MaríaMartiatu, and Georgina Herra among many others and now we are gifted with his latest publication. Indeed, the mouse, the mic and the pen epitomize the struggles of citizenship, national politics and a leader among the race in Cuba as well as Latin America. He resoundingly responds to Spivak’s inquiry as to if the literary subaltern can speak with an empathic pues claro que sí.AAA - PUCN -01

Por una Cuba Negra: Literatura, raza y modernidad en el siglo XIXis Abreu’s most ambitious work to date. An impressive, densely written, thoroughly researched, and convincingly argued 420+ page tome published in 2017 by Hipermedia Ediciones (Deleware). The text assesses Cuban authors and histories from the late 1830’s to just prior to the turn of the 20th Century.  Among the numerous writers covered inclu de Juan Francisco Manzano, Domingo del Monte, Gabriel de la Concepción Valdés , Plácido, Julián del Casal. He also dedicates substantial time and essay space to contextualize the historical backdrop and relevancies of the time period. He likewise examines popular and marginalized cultures such as Black oral histories, transvestitism and the teatro bufo. He scrutinizes what Doris Somer would call Foundational Fictions with Cuban voices and backdrops. Furthermore, the theorists that influence his approaches span numerous countries, languages and ideological foundations, including and definitely not limited to DuBois, Stuart Hall, Franz Fanon, Inés María Martíatu (with whom Abreu shared an extraordinarily special ideological and spiritual bond), Aimé Césaire, Cornell West, Glissant, Gilroy, Ángel Rama and Ileana Rodríguez.

In addition to “using the light of the present to illuminate and clarify unfinished works of the past” (Claremont) as previously mentioned, Abreu expounds on his reasons for choosing the time the 19th Century as his point of focus:

The second reason responds to my distrust of the archives of official historiography by exposing the cracks, erasures and silences that cultural studies, subaltern studies and decolonial studies reveal when confronting the colonial text and subject.  These approaches seek to deconstruct the oppositions tradition-modernity, cultured-popular, hegemony-subalternity, writing-orality, etc.  The final reason, a more personal one, has to do with my fascination as a researcher with that object of study that Bourdieu has termed “a simply negligible quantity,” referring not only to the subaltern subject, but also to those imaginaries, writings and symbolic practices that the canon and the reigning norms in Cuban literary studies assume to be an excess or a castoff (Claremont).

He focuses on Otherness, modernity, and silenced or displaced voices. Poruna Cuba negra is a challenging, scholarly, and thought-provoking read on many levels. Yet it is also profoundly insightful, illuminating and informative. Furthermore, it arguably presents Abreu’s most assertive, no-nonsense book-length publication about Afro-Cubans to date. Whereas he began with Los juegos de la Escritura o la (re)escritura de la Historia in 2007 and followed it with La cuentística de El Puente in 2014 the second o bridge between his first and this latest essayistic production. Abreu leaves little doubt about his ideological position with Poruna Cuba negra as it is unabashedly Afro-Cuban. He explicitly argues, “En mi caso el término afrocubano/a es perfectamente coherente con el posicionamiento intelectual desde el cual encaro esta investigación, y con mi voluntad de explorar diferencias y exclusiones históricas cuya discusión pública ha sido largamente silenciada” (Cuba negra 26). By way of the mouse, the mic and the pen, Alberto Abreu Arcia, breaks literary and popular silences in the blogsphere, the lecture halls and the island’s literary canon with compassion, scholarly insight and personal conviction. Viva Cuba negra.          

 

 

 

 

 

La nueva Constitución cubana y el problema racial

Un interesante y provocador texto. Donde a partir de la reforma constitucional y el problema racial se derivan otras problemáticas sobre el ser y el devenir del Movimiento Afro-cubano.

Negra cubana tenía que ser

Por Deyni Abreu Terry

Estoy profundamente alarmada, porque si bien dentro de algunas franjas sociales se repiten las mismas desigualdades que pueden confluir en un solo ser humano, -por ejemplo, ser negro, gay, santero y pobre-, lo cierto es que al parecer mis hermanos y hermanas de “raza” no han concientizado el momento histórico en que vivimos.

Ya se originaron cambios constitucionales en el año 2002 y, aunque no se llegara a un referéndum, estos fueron importantes. Sin embargo, el desconocimiento nos dejó desprovistos de una mayor visibilidad del activismo antirracista.

Ahora, en pleno 2018, momento en que se define el futuro inmediato de la nación, a partir de la propuesta de nueva Constitución de la República de Cuba, no se trata sólo de coquetear con los posibles cambios; es tiempo de discutir y argumentar con mesura e inteligencia con el propósito de que la Discriminación Racial sea llamada por…

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El racismo antinegro en los estudios literarios cubanos. Por Alberto Abreu Arcia

El racismo antinegro en los estudios literarios cubanos.

Por Alberto Abreu Arcia

 

Los trabajos consagrados a examinar la producción de los escritores negro/as siguen constituyendo un intrigante vacío en los estudios literarios cubanos realizados dentro de la Isla posterior a 1959.

Los escasos intentos acometidos en este sentido pueden contarse con los dedos de una sola mano: Bembé para cimarrones de Ana Cairo; el ensayo de Roberto Zurbano: “Raza, Literatura y Nación: El triángulo invisible del siglo XX cubano”; el número de la Gaceta de Cuba dedicado a Ediciones El Puente (no.4, julio-agosto del 2005), los ensayos de Alberto Abreu: “El teatro bufo, la nación y los imaginarios de la cultura popular” incluidos en la compilación de Bufo y nación: interpelaciones desde el presente realizada por Inés María Martiatu y su Por una Cuba Negra. Literatura, raza y modernidad en el XIX  este último libro, sintomáticamente, publicado fuera de la Isla por  Hypermedia Ediciones.

Un caso excepcional lo constituye la labor de la fallecida investigadora y narradora Inés María Martiatu en su abordaje de lo que llamó El Teatro Ritual Caribeño y sus innumerables estudios sobre los dramaturgos afrocubanos contemporáneos. Su libro Escritos de una negra cubana cimarrona en Cuba donde se entrecruzan raza, género y literatura con provocadores acercamientos a la obra de un grupo de autoras negras y mulatas significativas dentro del campo literario cubano tanto colonial como postrevolucionario; todavía aguarda por su publicación.

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Inés María Martiatu, Georgina Herra y Maryse Conde.

Los ensayos y libros que acabo de mencionar desde un aliento reivindicativo parecen compartir la misma intención: cartografiar la obra de los autores afrocubanos. En el caso de Martiatu, Zurbano y Abreu sus textos se adentran por aquellos intersticios y tramas donde el abordaje de asuntos, temas y otros tópicos relacionados con identidad racial del sujeto literario y sus diferentes problemáticas devino (deviene) en un elemento de tensión con los paradigmas teóricos y estéticos legitimados por los estudios literarios y la academia de la Isla posterior a 1959, y en un pretexto para la exclusión de muchos de estos escritores afrocubanos de un proceso de canonización que, en nombre de una literatura revolucionaria, se volvió blanquista y racialmente excluyente.

No es menos cierto que el tratamiento de los tópicos relacionados con la identidad racial negra y el racismo fueron considerado una herejía no solo por el dogmatismo del discurso oficial que pretendía normar el deber ser del arte y la literatura revolucionaria, sino también por la historiografía y la crítica literaria con una marcada influencia de los paradigmas interpretativos del realismo socialista soviético. Los cuales, desde la segunda mitad de la década del sesenta, van ganando espacio dentro de la Isla.

Si el nuevo orden revolucionario, como por arte de magia, con su reciente llegada al poder había erradicado el problema de la discriminación racial y cancelado los debates políticos de un problema como este que amenaza con la unidad de la Revolución. Entonces, “lo negro” y sus problemáticas era un problema del pasado, de una sociedad dividida en clase. Totalmente incompatible con el paradigma de hombre nuevo que preconizaba el discurso oficial y con la imagen del nuevo sujeto revolucionario que a través de la literatura su pretendía construir.

De esta forma quedamos confinados al espacio del museo, el archivo, el folclor. A una noción de mestizaje donde los componentes de la cultura hegemónica blanca continuaron siendo los regentes. Mientras lo negro (su memoria e imaginarios) tanta apegado al cuerpo, la cultura popular y a la oralidad representaban superchería, la barbarie, lo primitivo incompatible con los principios de la filosofía marxista-leninista y con el nuevo proyecto de modernidad que traía la Revolución. Este es uno de los correlatos y tensiones que subyacente ocultos en torno a la polémica causada por el documental P.M.

Si las razones que impedían el acercamientos a muchísimos temas y asuntos ( la prostitución, la homosexualidad, las drogas, el exilio, la marginalidad, etc.) vedadas hasta la primera mitad de la década del ochenta (por dogmatismos ideológico, incomprensiones teóricas-críticas y una cerrada política cultural) comenzaron a ser superadas desde finales de ese mismo decenio y principios de los noventas gracias al contacto de los artistas, escritores, críticos e intelectuales cubano con los pensadores y teorías postestructuralitas y postmodernas (su fascinación por los bordes, lo marginal, la alteridad).

¿Por qué entonces ese silencio de los estudios y la teoría literaria cubana sobre la producción literaria de los escritores afrocubanos? El argumento al que recurren muchos intelectuales y académicos dentro de Cuba para explicar semejante carencia es que el reconocimiento y estudio de la obra de estos autores a partir de su cuerpo racialmente diferenciado sería una imitación de la academia norteamericana.

Conviene detenerse en esta afirmación porque la misma grafica esa falsa retórica, que por momentos quiere pasar un ejercicio de ingenio, a través de la cual se construye dentro del campo literario cubano la exclusión racial. Hablo de esas artimañas y veladuras discursivas racistas a la que históricamente han recurrido para invisibilizarnos. Y sobre ellas volveré a insistir más adelante porque configuran todo un campo discursivo que arranca desde los momentos fundacionales de la ciudad letrada cubana y no cesa de mutar y reconstextualizarse hasta nuestros días.

Coincidirán conmigo en que teóricamente dicha afirmación resulta tan pueril que apenas se sostiene y no hace otra cosa que poner de manifiesto la desinformación o desactualización de nuestros letrados. Por otra parte, no sé si el lector habrá notado el fuerte tufo a insidia que emana de este argumento. Con el que se pretende añadir más leña al fuego, al colocar la academia de Estados Unidos como un referente imitado por intelectuales afrocubanos. Y en un campo intelectual tan politizado como el cubano sabemos de sobra lo que esta afirmación y su mala fe implica.

Lo que dicho argumento ignora o pretende soslayar -de manera muy conveniente- es el panorama académico existente, en esta área de estudios, en países como Brasil, Colombia, Estados Unidos, Inglaterra, Francia; así como en el Caribe anglófono y francófono, y las contribuciones que los estudios sobre raza y la diáspora africana vienen haciendo desde finales del siglo pasado al estudio de las identidades, la subalternidad y la producción de un saber otro.

Ante esta situación no queda otra alternativa -de una vez y por todas- de terminar de atrapar al toro por los cuernos. No andar con tantas circunloquios, eufemismo ni ejercicios retóricos, sino decirlo en una sola frase: La academia cubana, fundamentalmente la vinculada a los estudios literarios, es una institución racista.

Veamos cómo operan en las narrativas de la historiografía literaria cubana postrevolucionaria estas estrategias que en el orden escritural o discursivo se instituyen como gestos de tachadura del escritor afrocubano/a y sus intentos por convertir en materia literaria sus preocupaciones e interrogantes sobre su identidad racial.

En Por una Cuba Negra. Literatura, Raza y Modernidad en el XIX[1], examino como estas prácticas -instauradas desde la fundación de la ciudad letrada cubana- forman parte de un mecanismo de blanquiamiento. Un engranaje disciplinario encaminado a normar la entrada del sujeto negro/a o mulato/a al campo letrado. Se trata de un proceso que se lleva a cabo en medio de múltiples tensiones raciales y escriturales y que continuamente busca poner en dudas la aptitud del sujeto negro y mulato para el orden simbólico y gramatológico. Ahí están los ejemplos de Plácido y Manzano.

Dicho engranaje colonialista, forma parte de una ingeniería social que se ha venido reproduciendo y recontextualizando hasta llegar a la actualidad gracias a la labor de un grupo de agentes dotados de poder simbólico dentro de ese campo letrado. No voy a detenerme en los juicios descalificadores sobre la poesía Plácido y Guillén vertidos por Cintio Vitier en un Lo cubano en la poesía un libro tenido durante mucho tiempo como canónico del deber ser de la cubanidad, ya que son de sobre conocidos. Tampoco la manera en que el cuerpo racializado de las escritoras negras y mulatas fue excluido de los estudios de género y feministas cubanos. Ni mucho menos en las razones que explican la leyenda negra que todavía gravita en varios circuitos oficiales sobre el grupo literario Ediciones El Puente, ni en los intentos de muchos académicos por descalificar el término afrocubano/a.

José Mario, Gerardo Fulleda, Ana Mría Simo y Ana Justina miembros del grupo literario Ediciones El Puente.

Prefiero apelar a nuevos ejemplos que rezumen las negociaciones y posturas de un hablante que se configura como sujeto de enunciación en un ámbito racista. Ambos textos tienen un denominador común: son libros escritos por académicos dentro de la Isla y acometidos, inicialmente, como tesis de doctorado. El primero de ellos está recogido en el  libro La novela de la Revolución Cubana de Rogelio Rodríguez Coronel. Dicho texto se propone historiar los procesos de nuestra novelística en el período que transcurre entre 1959 y 1979 y legitimar un corpus de obras paradigmáticas de ese canon novelístico de la Revolución Cubana. Observemos los argumentos que dicho académico emplea para excomulgar de dicho canon la novela de Manuel Granados Adire y el tiempo roto (Editorial Casa de las Américas, colección Premio, 1967) por el abordaje de la temática racial.

Pero la novela de Granados hubiera podido brindar con acierto, de manera directa, la problemática específica de un negro, discriminado desde el punto de vista racista y clasista, doblemente oprimido, si el escritor hubiera adoptado una perspectiva realista en el tratamiento temático y no hubiera estado imbuido de tendencias ideológica que sobrevaloran el papel de la raza […][2]

De ahí, exégesis tan aterradora como la siguiente donde que Rodríguez Coronel lamenta que el autor de Adire y el tiempo roto no presente un retrato de la Revolución Cubana “a través de los ojos de un oprimido; sino de un caso patológico[…]”[3] Aterradora por cuanto homologa el abordaje de la temática racial y sus conflictos dentro de la sociedad socialista con la perversidad, lo patológico, lo que no tiene lugar en un nuevo orden estético porque no es traducible , y mucho menos comprensible, en términos de lucha de clases y de las teorías marxistas al uso.

Las páginas de Plácido, el poeta conspirador[4] de Daisy Cué recogen la autora intenta explorar las diferentes interpretaciones que la historiografía cubana ha realizado sobre esta controversial figura. Sin embargo, a todo lo largo de su investigación se rehúye el análisis racial o se la desplaza a un segundo o tercer plano. Al tiempo que descalifica a quienes han acometido un acercamiento a la vida y obra de Plácido desde esta perspectiva. Así lo confirma este juicio descalificador que hace de la obra teatral homónima del dramaturgo Gerardo Fulleda: “[…] fracasa al tratar de vincular la inocencia del poeta con sus ideales patrióticos y presentar los diferentes momentos climáticos de su vida en forma de antinomia de carácter racial, sin más consecuencia que un cúmulo de humillaciones capaces de llenarle de amargura, pero no de provocar deformaciones en su carácter”.[5] Es decir, para Daisy Cué la mulatez de Plácido, en un período como la primera mitad del siglo XIX (plena sociedad colonial y uno de los momentos de mayor apogeo de la esclavitud cubana) no es un aspecto influyente en su formación como ser humano, poeta y patriota.

Estas maniobras racistas dentro de los ámbitos académico y literario cubano, no escapan a la suspicacia de un escritor como Antón Arrufat en sus palabras de presentación del libro de cuentos País de Coral de Manuel Granados. Como todos sabemos Arrufat es un profundamente conocedor de lo que históricamente ha significado la blanquitud para la ciudad letrada cubana. Particularmente para la defensa del rol ventrílocuo del letrado blanco, su poder de enunciar y para continuar ostentando su derecho de hablar en nombre del otro.

El escrito de Arrufat al que me refiero más que un texto excéntrico dentro de la crítica literaria postrevolucionaria  es un escupitajo, un eructo contra la mojigatería y el dogmatismo (racismo) del discurso crítico literario a la hora de hablar sobre un escritor/a negro que en sus textos literarios se reconoce como tal. “Sin embargo creo que es imposible, aproximarse a un escritor negro -conscientemente negro- sin tomar en cuenta este hecho, en apariencia trivial o pasajeros para algunos”.

Su lectura de País de Coral deviene en un escrito cargado de sarcasmos e ironías. Un juego de espejos y aporías donde el sujeto de la escritura habla desde su condición hegemónica de letrado blanco (juega exacerbar y deconstruir esta hegemonía) y desde allí enjuicia la obra de su colega y amigo negro. “No obstante la diferencia más esencial y evidente consiste en que él es negro y yo soy blanco. O para decirlo como en uno de sus cuentos de País de Coral, donde estas diferencias son temas y asunto, yo soy macri y él es niche”.

De esta forma Arrufat interpela los perfiles de una cubanidad que desde sus orígenes como nación fue imaginada desde el espacio de lo literario. Con sus íconos y preceptos en torno a lo límpido en contraste con lo sucio, lo negro. Referentes ideológicos que, desde una lógica higienista y su patriotería aristocratizante fueron secularizados por los relatos identificatorios del ser y el alma nacional.

Desde luego, que semejante problemática, sumado al temor a ser censurados, no publicados, no premiados, no legitimado por ese canon blanquista provocó que muchos escritores, poetas negros sobre todo emergentes a la escena literaria cubana en la segunda mitad de los ochentas, silenciaran o invisibilizaran su identidad racial.

Si bien, como ha sido reconocido, esta generación sacudió a la teoría, la literatura y el arte cubano tras varias décadas de somnolencia y dogmatismo. Planteó nuevos interrogantes y problemáticas en los planos de la teoría de la cultura, el deber ser del arte y la literatura, etc. En el caso de la producción literaria, si exceptuamos a la literatura de Teresa Cárdenas, escrita fundamentalmente para niños. El sujeto literario producido por los escritores negros y negras de esta generación se un héroe y un sujeto lírico que no tiene color de piel.

¿Qué razones, además de las apuntadas, pudieran explicar este hecho? Como el reguetonero Chocolate, cuando se describe: “Soy negro, soy feo, pero soy tu asesino…” A los escritores afrocubanos de esta y otras generaciones en su relación con la literatura les pasó lo mismo que a Chocolate. Se creyeron el cuento. Actuaron como sujetos subalternos que respondían a un diseño colonialista, en correspondencia con las prácticas y mecanismos de blanquiamiento históricamente instaurados dentro de la ciudad letrada cubana y que también emanaban de ese canon de literatura revolucionaria al cual querían entrar. Como analiza Fanon en Piel negra, máscara blanca: frente a la literatura llegamos a carecer de ontología. Y como la ontología deja de lado la existencia, “está claro que no nos permite comprender el ser del negro. Porque el negro ya no plantea el problema de ser negro, sino serlo para el blanco”.

fratzfanon
Frank Fanon

Por otro lado, no faltaban referentes dramáticos y al mismo tiempo insurgentes, liberadores de lo que podía costar rebelarse contra aquel engranaje. Allí estaban los ejemplos de Plácido en el siglo XIX, todavía incomprendido por la historia literaria contemporánea o lo ocurrido posteriormente, en los años sesenta y setenta, con el cine de Nicolás Guillen Landrian, Sara Gómez y El grupo literario Ediciones El Puente en torno a los cuales todavía se cierne un halo de silencio y una leyenda negra, acusados por la historiografía de los años setenta y ochenta del pasado siglo de querer fomentar un Black Power en Cuba. Todavía me pregunto: ¿De dónde salía esa afirmación? ¿Hacia qué lugar e interlocutores metonímicamente apuntaba? Sobre todo hoy cuando los estudios recientes sobre este grupo literario realizados fuera y dentro de Cuba han demostrado que el nacimiento de este movimiento en Estados Unidos es posterior al fenecimiento de El Puente. Aquí la huella errante de este rumor, desde su relaciones de credibilidad y performatividad con la producción del discurso historiográfico expone sus grietas racistas: su miedo al negro.

No olvidemos, que El Puente por primera vez en la historia literaria cubana acogió a un grupo escritores y escritoras negros. Donde los temas de la religiosidad afrocubana, la cultura popular y la identidad racial negra son predominantes: Rogelio Martínez Furé, Gerardo Fulleda, Manuel Granados, Nancy Morejón, Georgina Herrera, Eugenio Hernández, Pedro Pérez Sarduy. Ahora, que los enumero, no puedo dejar de pensar en  Ana Justina Cabrera cuya carrera literaria quedó trunca después que el peso del la censura, la intimidación y la violencia política cayó sobre ellos. Su silencio me recuerda al del poeta esclavo Juan Francisco Manzano tras la conspiración de La Escalera. Pero cuyos textos, sin dudas, habrá que rescatar cuando construyamos definitivamente la genealogía de la literatura afrocubana. Nuestra propia historia de la literatura escrita por negros y negras, mulatas y mulatos en Cuba. Con todos sus dolores, angustias y vicisitudes. Iluminando sus agujeros negro y los capítulos censurados por la historiografía oficial, deconstruyendo aquellos gestos de ninguneo, y otros eventos tergiversados o callados por los recintos aristocráticos de los estudios literarios oficiales. Una historia de la literatura afrocubana que opere como un contradiscurso o reescritura de todo lo sacralizado y proscrito por ese canon literario eurocentrista.

[1] Ver Alberto Abreu Arcia: Por una Cuba Negra. Literatura, Raza y Modernidad en el XIX, Hypermedia Ediciones, 2017.

[2] Rogelio Rodríguez Coronel: La novela de la Revolución Cubana (1959-1979). Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1986, p. 155.

 

[3] Ibíd.

[4] Daisy Cué Fernández: Plácido, el poeta conspirador. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2007.

[5] Daysi Cué Fernández: ed. cit., p. 51.