¿Por qué los blancos temen hablar de raza?

“¿Por qué los blancos temen hablar de raza?” de June Eric-Udorio es un texto que leí allá por el 2017 y que todavía recuerdo. Aquí la categoría de fragilidad blanca (whitefragility) acuñada por la doctora Robin DiAngelo, deviene en una herramienta clave para deconstruir la blanquitud.“Con el tiempo se ha hecho evidente que las personas blancas tienen umbrales de tolerancia extremadamente bajos a la hora de lidiar con la incomodidad producida al ser desafiados por sus posturas raciales”, escribió DiAngelo en el referido artículo.

¿Por qué los blancos temen hablar de raza?

Los blancos suelen “desistir, defenderse, gritar, discutir, minimizar, ignorar, o hacer cualquier otra cosa para retomar [su] posición racial y su equilibrio”.

Por June Eric-Udorio

Durante las últimas décadas, la industria editorial del Reino Unido ha sido cada vez más consciente de lo mucho que excluye las voces y colaboraciones de las personas de color  así como las de aquellos de entornos marginados. La semana pasada, la librería Waterstones anunció que contrataría a una mujer llamada Elizabeth Preston para relanzar el programa de eventos de una de sus tiendas; sería un lugar de “actividad literaria, cultural e intelectual”. En la mañana del martes descubrí que el panel estaba conformado únicamente por personas blancas (NikeshShukla fue invitado, pero no estaba disponible; luego se unió Sunny Singh, y se espera que se incorporen más), y escribí un tweet sobre lo que a mí me pareció un problema: nuevamente, se estaba excluyendo de la conversación a los escritores de color.

Preston respondió a la defensiva, cosa que yo no había anticipado; no la había acusado de ser racista y esperaba poder conversar con ella sobre la falta de diversidad en las editoriales y cómo pensaba manejar esto. ¿El resultado? Dijo que se había sentido atacada. Sin embargo, escribió un tweet que decía: “Soy consciente de que el panel es un problema en este momento; es algo en lo que estoy trabajando”.

Preston se disculpó después conmigo en privado, pero nuestro extraño intercambio de mensajes me dejó pensando: ¿qué hace que hablar de raza sea algo tan volátil? Me di cuenta de que esto no se reducía a la respuesta de Preston a mi observación, sino que es un problema más amplio: la gente blanca no sabe cómo comportarse cuando la cuestionan en público acerca de su postura frente a temas relacionados con raza. Se siente incómoda, e incluso termina victimizándose para defenderse o decide recurrir al gaslighting con la gente de color y no escucha sus opiniones.

Resulta que esa reacción tiene un nombre: fragilidad blanca (whitefragility). El término fue acuñado por la doctora Robin DiAngelo. “Con el tiempo se ha hecho evidente que las personas blancas tienen umbrales de tolerancia extremadamente bajos a la hora de lidiar con la incomodidad producida al ser desafiados por sus posturas raciales”, escribió DiAngelo en un artículo.“Logramos resistir la primera ronda de cuestionamientos, llevando la discusión a lugares comunes. Decimos cosas como ‘la gente simplemente necesita’, o, ‘la raza en realidad no significa nada para mí’, o, ‘todo el mundo es racista’. Pero si intentamos ir un poco más profundo en el argumento, nos desmoronamos”.

Para ser justos, DiAngelo es estadounidense, así que toda su postura está montada sobre un tema complicado en Estados Unidos. Pero eso no significa que en Reino Unido [o en Colombia] no tengamos problemas con la raza y las etnias. En Inglaterra, el racismo siempre ha sido más sistemático, más insidioso y, de muchas maneras, más oculto. Se mantiene la peligrosa idea de que no tenemos un problema de racismo; esto implica que, cuando se señala el prejuicio, la población blanca a menudo no está lista para reconocer las formas en las que hiere al resto. No importa que las minorías étnicas compongan una parte más reducida de la población que en Estados Unidos; de todas formas, somos propensos a las reacciones de las que habla DiAngelo cuando se intenta empezar una conversación sincera sobre raza o racismo: los blancos suelen “desistir, defenderse, gritar, discutir, minimizar, ignorar, o hacer cualquier otra cosa para retomar [su] posición racial y su equilibrio”.

Le comenté esto a Daisy Buchanan, una colega periodista blanca. “Me da mucho miedo hablar de cualquier cosa que tenga que ver con raza por el cuestionamiento público”, me dijo. Como ejemplo, me contó de una vez que escribió sobre el video de Beyoncé de “PrettyHurts”. “Un usuario de Twitter —que además creo que era blanco— se dirigió a mí, con un lenguaje bastante abusivo, diciendo que una mujer blanca no podía opinar o criticar a Beyoncé; y creo que eso tampoco está bien. La cultura del cuestionamiento público necesita incluir civismo en todas sus formas. Algunas personas lo utilizan para ser desagradables o groseras; tratan de quedar como si fueran los más correctos, cuando en realidad no está explicando ni debatiendo, sólo son hirientes”.

Mi amiga Catrin Cooper, cineasta, también me contó que “cuando las personas blancas son cuestionadas en público, la repuesta más común es la defensa y el ataque, cosa que es especialmente visible en Internet. Nos preocupa más ser vistos como los ‘blancos buenos’, que asumir la responsabilidad de nuestras acciones o palabras”.

Cuando le dije a Preston que podía “hacer un mejor trabajo” en cuanto a la diversidad de su panel, la hostilidad que recibí se convirtió en un caso clásico de “fragilidad blanca”. A DiAngelo le sonó familiar. “Estuve hablando durante mucho tiempo con blancos sobre racismo”, me dijo por Skype. “Aparecieron patrones consistentes, se volvieron predecibles”.

Continuó: “Hasta que los blancos no entiendan que el racismo está insertado en todo, incluyendo nuestra consciencia y socialización, no podemos progresar. El paradigma actual bajo el cual actuamos, con un enfoque sobre el individuo y no sobre el sistema, funciona perfectamente para proteger el racismo y el privilegio blanco”. Básicamente, vivir en un mundo en el que promovemos que la gente “no vea colores” sirve si haces parte de la mayoría étnica —que además es vista como la predeterminada—, pero silencia las conversaciones sobre cómo los prejuicios raciales implícitos afectan nuestras vidas. Muchos son víctimas de microagresiones en el trabajo, e incluso hay gente que opta por poner nombres de “blanco” en su hoja de vida para tener más probabilidades de ser contratada.

Le escribí a Preston para preguntarle qué pensaba sobre nuestra conversación. Esto es algo de lo que me escribió en un mensaje: “Tus críticas sobre el programa de eventos estaban desinformadas. Mi reacción simplemente se debió a que estaba molesta porque sentí que los comentarios que hiciste no estaban justificados; además, sabía que ya se había hecho un daño irreparable. (Los hiciste vía Twitter, donde nadie se molesta por corroborar la información). Creo que nuestro intercambio no tuvo que ver con el tema raza. Le respondería igual a cualquiera que criticara mi trabajo injustamente”.

Así que a ella no le pareció que nuestra conversación, enmarcada en un contexto de diversidad, fuera sobre raza. Para muchas personas negras llega un punto en el que el silencio se vuelve más seguro que hacerse visible. Cuando hablamos, desestabilizamos las cosas y con frecuencia nuestra disrupción tiene un precio. Hasta que no podamos llegar a un paradigma en el que, en vez de que se responda con la fragilidad blanca, los blancos puedan escuchar, aprender y trabajar por destruir las jerarquías de las cuales se benefician, no vamos a poder salir adelante.