¿Existe una identidad queer/cuir? Una lectura deconstructiva desde el latinoamericanismo, los saberes al borde y el pensamiento decolonial. (I) Por Alberto Abreu

Una de las maniobras a las que recurrió un sector de la academia en América Latina para legitimar lo queer en la región consistió en abrazar la retórica del latinoamericanismo y de los estudios decoloniales. Se trata de una especie de canibalismo u oportunismo teórico que he podido constatar en muchos de los textos y proyectos académicos aparecidos en este período (2004-2013). Cito, entre ellos, el dossier “¿Cómo se piensa lo “queer” en América Latina?” aparecido en la Revista Íconos de Ciencias Sociales (No. 39, 2011. Quito – Ecuador) y Resentir lo queer en América Latina: diálogos desde/con el Sur compilado por Diego Falconí Trávez Santiago Castellanos y María Amelia Viteri; el cual si bien fue publicado en Barcelona el mismo dice tener una mirada desde Latinoamérica hacia las disidencias sexuales latinoamericanas.

¿Existe una identidad queer/cuir?

Una lectura deconstructiva desde el latinoamericanismo, los saberes al borde y el pensamiento decolonial. (I)

Por Alberto Abreu

                                              

                        Y cómo te van a ver si uno es tan re fea y arrastra por el mundo su                                             desnutrición de loca tercermundista. Como te van a dar pelota si uno lleva                               esta cara chilena asombrada frente a este Olimpo de homosexuales potentes y                         bien comidos que te miran con asco, como diciéndote: Te hacemos el favor de                           traerte, indiecita, a la catedral del orgullo gay (LEMEBEL, “Crónicas de Nueva                          York, El bar de Stonewall”)


Continúo compartiendo con los lectores de afromodernidad estas miradas deconstructivas y decoloniales de las teorías que/cuir.

Deseo aclarar que los textos que aquí comento son el resultado de mis lecturas de un grupo de antologías, revistas digitales, dossiers aparecidos en Latinoamérica y en Estados Unidos (pero con una mirada hacia la disidencia sexual en América Latina), entre1997 y el 2013. Y entre los cuales figuran “Raras Rarezas”, dossier incluido en el número 16 de la revista mexicana Debate Feminista (1997); Torcida, (2005); Teoría Queer. Políticas bolleras, maricas, trans y mestizas. (2005, Barcelona); Raza, etnicidad y sexualidades. Ciudadanía y multiculturalismo en América Latina. (Bogotá, Colombia 2008); “Los estudios lésbico-gays y queer latinoamericanos” (2008) y Cartografías queer: sexualidades y activismo LGBT en América Latina, compilada por Daniel Balderston y Arturo Matute Castro, Revista Iberoamericana, Universidad de Pittsburg; Resentir lo queer en América Latina: diálogos desde/con el Sur, “Micropolíticas Cuir: Transmariconizando el Sur” Revista Ramona, (Argentina, 2010); por solo mencionar algunas. Hablo de una pesquisa donde también figuran otros libros y autores como Carlos Monsi váis, José Quiroga, además de los pensadores fundacionales de las queer teorías como Judith Bultler, Eve Kosofsky Sedgwick, Beatriz Preciado, etc.

Una de las maniobras a las que recurrió un sector de la academia en América Latina para legitimar lo queer en la región consistió en abrazar la retórica del latinoamericanismo y de los estudios decoloniales. Se trata de una especie de canibalismo u oportunismo teórico que he podido constatar en muchos de los textos y proyectos académicos aparecidos en este período (2004-2013). Cito, entre ellos, el dossier “¿Cómo se piensa lo “queer” en América Latina?” aparecido en la Revista Íconos de Ciencias Sociales (No. 39, 2011. Quito – Ecuador) y Resentir lo queer en América Latina: diálogos desde/con el Sur compilado por Diego Falconí Trávez Santiago Castellanos y María Amelia Viteri; el cual si bien fue publicado en Barcelona el mismo dice tener una mirada desde Latinoamérica hacia las disidencias sexuales latinoamericanas

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Tom of Filandia

Lo paradójico en este gesto, que recurre a muchos de los postulados del latinoamericanismo para legitimar las teorías queer en América Latina, está en la manera en que después de tantas volteretas y malabarismo en los análisis, la matriz euronorteamericana de lo queer termina siendo reverenciada. Es decir, en estos textos las teorías queer anglosajonas lejos de erosionarse como discurso hegemónico se re-funcionaliza y re-politizan en cada uno de estos actos.

 Veamos varios ejemplos. Empezaré por esta reseña de Mara Viveros Vigoya que intenta validar el dossier “¿Cómo se piensa lo ‘queer’ en América Latina?” aparecido en la edición número 39 de la revista ÍCONOS, Revista de Ciencias Sociales FLACSO- Ecuador, Enero de 2011, y el cual tuvo a María Amelia Viteri, José Fernando Serrano, Salvador Vidal-Ortiz    como compiladores. Oigamos a Viveros Vegoña cuando afirma:

Una traducción cultural de lo queer implica efectuar en primer lugar, un ejercicio descolonizador en relación con una “colonialidad del saber” que desprestigia y deslegitima las formas de pensamiento y los modos de producción de conocimiento diferentes a los eurocéntrico; y en segundo lugar, contribuir a visibilizar las formas y las personas que han pensado lo queer en y desde América Latina.

Aquí las expresiones como “ejercicio descolonizador”, “colonialidad del saber”, “pensamiento y los modos de producción de conocimiento diferentes a los eurocéntrico” están empleados como meros rótulos, vaciados de sus contenidos originales, como ejercicio retórico para legitimar lo queer y hacerlo entrar forzosamente en la tradición teórica del pensamiento de izquierda latinoamericano. Lo curioso es que cuando uno avanza en la lectura de estos textos como el de Jesús Falconi -que comentaremos más adelante- se advierte un desconocimiento o tachadura de los principales debates, paradigmas y proyectos teóricos que desde principios de las décadas de los noventas configuran las nuevas cartografías de producción del latinoamericano. Algunos de ellos relacionados con el género y la disidencia sexual. Donde la noción de posicionalidad teórica (el hablar por y desde América Latina) resulta una de las categoría más estudiadas, debatidas y ensanchadas.

Lo contradictorio en estos escritos que buscan posicionar lo queer en la academia latinoamericana de estos años está en el acto de invocar a la decolonialidad del poder para justificar esta práctica, cuando justamente una de las autoridades teóricas dentro de los estudios decoloniales Walter Mignolo en un ensayo titulado: “Espacios geográficos y localizaciones epistemológicas: la ratio entre la localización geográfica y la subalternización de conocimientos” nos alerta sobre estas trampas. Mignolo, tras una narrar o poner como ejemplo un caso similar de traducción o apropiación (no precisamente del término queer anglosajón), sino el de traducción de las ideas de Freud a Calcuta, nos alerta:

… lo que más nos interesa aquí no es la producción sino la subalternización de conocimientos […] de lo que se trata en última instancia en la exportación-importación de formas de conocimiento y de prácticas disciplinarias es de la subalternización lo cual, en el área del conocimiento, supone el borroneo de las condiciones de emergencia de una práctica disciplinaria o de consumo y su adaptación o implantación en otras áreas geográficas con distintas memorias y necesidades (1997:12-13).

En otro texto suyo (“¿Los estudios subalternos son posmodernos o poscoloniales?:la política y las sensibilidades de las ubicaciones geográficas”) aparecido en el número 204 de la revista Casa de las Américas ( pp. 20-39),  Mignolo vuelve a insistir sobre este hecho y anota: tanto la teoría como el pensamiento se ubican en lenguajes específicos y en historias locales  y subraya como la lengua en la cual se generan las teoría o saberes determinan las posibilidades de diseminación de estos. Existen una serie de “complicidades entre lenguajes, colonialismo y culturas de estudios académicos” y al respecto anota que “el español y el portugués son idiomas que se cayeron del carro de la modernidad y se convirtieron en idiomas subalternos de la academia”.

Foto con Victor Hugo y Zurbano.Campos Cruzados
Roberto Zurbano, Alberto Abreu y Víctor Hugo (El Che de los gays) en la Feria del Libro dedicada a Chile

A partir de estos datos resulta una falacia la idea de que la inserción o legitimación de las teorías queers en la academia latinoamericana resultan un gesto de decolonización del saber, sino todo lo contrario.

En nombre de esa retórica para legitimar los estudios queer en el ámbito académico de instituciones como FLACSO, se desconfía y tilda de ideologizante a autores como Roberto Fernández Retamar y Eduardo Galiano representantes de lo mejor del parte pensamiento de izquierda latinoamericano. Según Diego Falconi Trávez en su ensayo “La leyenda negra marica: una crítica comparatista desde el Sur a la teoría Queer Hispana” incluido en el dossier dossier  Resentir lo queer en América Latina: diálogos desde/con el Sur, Galeano:

mezclan la historia, la ideología y la rabia y que por su exceso ideológico, parece no deberían citarse en la discusión teórica en mención[…]pues precisamente en la revisión contra-ideológica del autor se percibe esa no-presencia de lo que se podría denominar como «interesadxs latinoamericanxs», en un debate que irónicamente habla de las consecuencias de la colonización, una de las bases del pensamiento latinoamericanista y de la configuración subjetiva de sus habitantes.

Y en otro momento señala:

Sea como fuese el significante del itinerario América Latina, es más complejo.  Varios teóricos —Fernández Retamar, Cornejo Polar, Ramas o García Canclini— han reclamado el espacio latinoamericano como propio, politizando el término y haciendo de éste una ventana subjetiva (aunque con mucha miopía en el tema de género).

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Cacha. Adelaida de Juan, Roberto Fernández Retamar y el autor de este artículo.

Es decir, estos textos critican al eurocentrismo, se busca desesperadamente armar toda una retórica a favor de lo queer como “las formas de pensamiento y los modos de producción de conocimiento diferentes a los eurocéntrico” porque se sabe que se están siendo eurocentrista.

Pero hacer formar parte a las teorías queer de la geneología del pensamiento latinoamericano y lo más brillante dentro de su tradición teórica (desde Antonio Cornejo Polar pasando por Ángel Rama, Roberto Schwarz hasta Nelly Richard, Nestor Garcia Cancilli, Jesús Martín Barbero, Julio Ramos, etc.) Es un acto bochornosamente manipulador y condenable. Como también lo es el hecho celebrar la hispanidad y proponer un canon queer hispano, partiendo de justificar la ignominia de colonización española, la esclavitud, lo que este hecho colonizador significó para los indígenas y los africanos, plantear que etiquetas tales como la crueldad, la pereza, la ignorancia, el retraso, la corrupción y la soberbia que se ha ganado el colonialismo español en América son parte de una leyenda negra, una historia tergiversada que por envidia y competencia construyeron las otras potencias coloniales enemigas de España para desacreditar su empresa colonizadora, cuando “no fue, ni mucho menos un monopolio hispano”. Es precisamente esta re-escritura de la leyenda negra española de la que parte Diego Falconí Trávez en su ensayo “La leyenda negra marica: una crítica comparatista desde el sur de la teoría queer hispana” para proponer la construcción de canon queer hispano, donde la hegemonía y el colonialismo teórico de la teorías queers norteamericana sean sustituidas, en Latinoamérica, por la española.

 Otro hecho contradictorio es la manera en que estos ensayos que dicen hablar de lo queer/cuir desde posicionamientos de vanguardia dentro del pensamiento y la tradición teórica más reciente en latinoamericana y apelan a término de postcolonialidad; y a la teoría post-colonial construidos dentro de esa misma academia norteamericana y que han encontrado un fuerte rechazo teórico en el pensamiento latinoamericano enunciado desde América Latina de finales del siglo XX y principios de milenio; por la manera en que se transformó en un discurso para producir un para producir conocimiento sobre el Otro latinoamericano. Irónicamente, en América Latina la teoría poscolonial sería igual a lo que él mismo condena en el escenario académico e intelectual norteamericano: un discurso externo sobre el Otro que llega por vía de un poder metropolitano.

así tenemos que Falconi en el ensayo citado habla de las subjetividades queer como “subjetividades poscoloniales”

En medio de aquel debate Gustavo Lins Ribeiro en un ensayo titulado “Postimperialismo: para una discusión después del post-colonialismo y del multiculturalismo “, alerta:

[…] la producción de etiquetas que nombran dominantes culturales de nuestro tiempo no es gratuita[…]El acto de nombrar nunca es inocuo, especialmente cuando se confunde con el acto de categorizar. Como afirma Spurr en su trabajo sobre la “retórica del imperio”: “el proceso a través del cual una cultura subordina a otra empieza con el acto de dar nombres.   

Sabemos que los discursos están muy lejos de ser entidades dotadas de autonomía. Su producción, circulación y recepción dependen de las operaciones que realizan un grupo de agentes sociales quienes lo producen, seleccionan, interpreten y lo colocan en circulación. Este hecho es inseparable del modo en que determinados sujetos (desde su posición y trayectoria en el campo académico) entienden los procesos sociales.

Aspecto que han denunciado una serie de académicos, activistas y pensadores en relación con los estudios queer. Por ejemplo, Daniel Balderston y José Quiroga en su libro Sexualidades en disputa. Homosexualidades, literatura y medios de comunicación en América Latina al referirse al campo institucionalizado de los estudios queer en la academia norteamericana y las praxis políticas que lo rigen en relación con la obtención de financiamiento anotan: “En algunas ocasiones, y aun dentro del medio generalmente ‘liberal’ de las universidades norteamericanas, las donaciones imponen condiciones crecientemente censoras; llegando a extremos en los que se donan grandes sumas de dinero a estas instituciones con tal de que no enseñen temas relacionados a la sexualidad, o con tal de que no se aparten de una visión eurocéntrica de la cultura”.

Felipe Rivas desde el escenario intelectual del activismo argentino en el período que estamos analizando (2004-2013) también denuncia las maniobras e intervenciones los consorcios académicos norteamericanos para garantizar, a través de las teorías queer como único paradigma teórico y metodológico en el estudio de las políticas, estéticas, prácticas simbólicas relacionadas con las sexualidades disidentes y el deseo en América Latina. Relata Rivas como por aquellos años surgen y se consolidan “una serie de propuestas reflexivas y políticas en América Latina que establecen relaciones ambivalentes con las nociones ‘queer’ norteamericanas”. Y la manera en que “una serie de publicaciones, algunas de ellas locales aunque la mayoría articuladas desde centros metropolitanos en EEUU, han invitado a reflexionar acerca del modo en que se lleva a cabo esta relación de “lo queer” con las prácticas locales del Sur”.

Se trata de una problemática sobre la cual se ha reflexionado ampliamente en el escenario intelectual latinoamericano. Nelly Richard se refiere a como “las asimetrías de poder que subordinan las prácticas latinoamericanas a un control de los medios institucionales (universidades, editoriales, becas de investigación, fundaciones, etc.) que regula los intercambios de signos entre lo local y lo global siempre en beneficio de la jerarquía metropolitana”. Por estas mismas razones, estima la desconfianza que muchos intelectuales latinoamericanos muestran hacia el mecanismo de estandarización de la academia globalizada la cual “obliga las prácticas latinoamericanas, para acceder a la visibilidad internacional de los congresos y publicaciones en inglés, a satisfacer las convenciones (terminológicas y otras) que decreta el mercado académico-metropolitano, sacrificando así lo singular y diferencial de sus modalidades locales”.

Se trata de una racionalidad burocrático-académica que homogeniza las diferencias sociales, económicas, políticas y sexuales de las sociedades latinoamericanas que no atiende a los procesos de microdiferenciación de cada una de nuestras respectivas comunidades enunciativas y a esa pluralidad de identidades que conforman Latinoamérica.

No sólo el Latinoamericanismo producido desde la academia norteamericana es centro de estas críticas de Richard; también lo es el Latinoamericanismo que se enuncia América Latina desde instituciones como FLACSO, tal como lo muestra, además, la polémica que sostiene con las ciencias sociales chilenas (Brunner, Lechner, etc.) o la misma Richard en muchos de sus ensayos compilados en Cuba por la colección cuadernos del Fondo Editorial Casa de Las Américas bajo el título de Campos cruzados. Crítica cultural, latinoamericanismos y saberes al borde. El peligro de este tipo de teorización realizada desde la academia norteamericana y instituciones en como FLACSO es que los saberes locales y marginales como los relacionados con la disidencia sexual son absorbidos por una maquinaria teórica omnicomprensiva, controlada por tecnócratas del saber como ha ocurrido con las teorías queers anglosajonas o los textos comentados del dossier “¿Cómo se piensa lo ‘queer’ en América Latina?” aparecido en la edición número 39 de la revista ÍCONOS, Revista de Ciencias Sociales FLACSO- Ecuador .

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Roberto Zurbano, Nelly Richard, Carmén Gónzalez y Alberto Abreu durante una visita de Nelly Richard a la Habana para la presentación de su libro : Campos cruzados, latinoamericanismos y saberes al borde.

Se trata -como señala Richard- de una “Internacional académica” que determina qué autores deben ser leídos o citados, cuáles temas son relevantes, qué significa estar en la “vanguardia” de una discusión, etc. Lo que halla en juego (según observan Santiago Castro-Gómez y Eduardo Mendieta: “La translocalización discursiva de ‘Latinoamérica’ en tiempos de la globalización”) es el acceso a posiciones de poder en las universidades, la financiación millonaria de proyectos académicos, los intereses mercantiles de las editoriales y, no, por último, la reestructuración metropolitana de los programas educativos de acuerdo a las nuevas necesidades del capital. Es allí, en este aparato institucionalizado de saber-poder, donde se ubica el debate sobre los estudios culturales, la poscolonialidad, la subalternidad y las teorías queer.